AMÉRICAS

¿Por qué AMLO nunca fue el líder latinoamericano que muchos esperaban?

El presidente mexicano se acerca a su último año de gobierno con una posición interna sólida. Sin embargo, a nivel regional, AMLO no logró el impacto que al inicio parecía proyectar.

López Obrador junto a Evo Morales

Foto: TW-lopezobrador_

LatinAmerican Post | Luis Angel Hernández Liborio

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Con las muertes de Hugo Chávez, Néstor Kirchner, Fidel Castro y el encarcelamiento de Lula da Silva, la izquierda parecía diluirse en Latinoamérica. Los gobiernos de derecha regresaron a sus puestos por toda la región, pero en 2018 México dio el campanazo de la izquierda y colocó a López Obrador en el poder. Sin un liderazgo claro en Latinoamérica, parecía que el gobernante de MORENA podría tomar el papel. La relevancia de la economía mexicana y su interlocución con Estados Unidos le daban las herramientas para, al menos, aspirar a serlo. 

La tradición diplomática de México

La Doctrina Estrada dio contexto a la diplomacia mexicana desde los años 30 del siglo pasado. Esta establece que México no reconoce o desconoce a ningún gobierno, como parte de una política de no intervención y por considerarla una práctica negativa. Con el tiempo, se fue ampliando, pero el motivo central ha persistido. AMLO siempre ha sido un político pragmático. Cuando López Obrador llegó al poder, aseguró que volvería a esta tradición diplomática clásica del país. No obstante, su uso ha sido ambiguo. Por un lado, cuando ha convenido a sus intereses, la ha seguido fielmente evitando hacer alguna declaración sobre Venezuela, Cuba o Nicaragua, argumentando que sería inmiscuirse en sus asuntos internos.

Pero, por otra parte, no ha dudado en externar su opinión sobre lo que consideró golpes de Estado en Bolivia y Perú, cuando destituyeron a Evo Morales y a Pedro Castillo, respectivamente. Incluso fue más allá, AMLO envió un avión a Bolivia con la misión de "rescatar" al expresidente y en Perú ofreció asilo en la embajada mexicana a Castillo, pero fue detenido antes. En ambos casos, los países involucrados consideraron los hechos como una intromisión del presidente mexicano. AMLO ha abogado también por Argentina, por Lula en Brasil y por Cuba, aun cuando le ha representado algunos roces con la OEA y Estados Unidos en la era Biden.

Por último, AMLO es un presidente "doméstico", no tiene interés en los asuntos internacionales, salvo que involucren a sus aliados en la región. A los eventos y foros internacionales de gran calado como el Foro de Davos, las reuniones de la OEA, la Alianza del Pacífico, etc., ha evitado asistir. En su lugar ha enviado uno de los próximos presidenciables, el canciller Marcelo Ebrard. A diferencia de Chávez o Lula, AMLO no busca grandes alianzas regionales, tratados comerciales o impulsar una agenda de la izquierda por todos los rincones, su principal objetivo ha sido consolidar su versión de la izquierda en su país.

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La izquierda latinoamericana, más cautelosa

El carisma de Lula y Hugo Chávez en la "primera ola" de la izquierda, sus grandes proyectos e ideas llevaron a fortalecer Mercosur, el ALBA y en general una noción de unidad regional para hacer frente a Estados Unidos. Grandes reuniones de todos los líderes de izquierda se llevaron a cabo durante esa época en las que México y Colombia no estuvieron presentes. Por su lado, estos países crearon la Alianza del Pacífico junto a Chile y Perú. La decadencia de esta izquierda le produjo una imagen negativa que impactó a los gobiernos progresistas de toda la región, sin importar si tenían afinidad o no con el chavismo.

Ahora que hay una nueva ola de la izquierda, los gobernantes han evitado mostrar afinidad con la izquierda chavista, con Nicaragua y hasta con Cuba. AMLO ha sido cauteloso, pero ayudar a Evo Morales y Pedro Castillo, o recibir a Díaz-Canel y a Nicolás Maduro, le ha costado a nivel interno. La derecha opositora no lo ha dejado pasar por alto. Poner esfuerzo en un eventual liderazgo regional tendría un costo electoral alto que López Obrador no está dispuesto a pagar, suficiente tuvo con la contratación de médicos cubanos durante la pandemia en un país con déficit de profesionales de la salud, con sueldos bajos y pocas plazas.

El mayor momento internacional de López Obrador lo protagonizó durante la era Trump. Pese a sus diferencias ideológicas, lograron una relación estrecha que resultó contraria a lo que se habría pensado. Cuando parecía que iba a ser un choque frontal al estilo de Bush y Chávez, al final se convirtió en una tensa amistad. Ser la segunda economía de la región y mantener una buena relación con su vecino del norte es algo vital para las aspiraciones nacionales de AMLO, sus grandes proyectos dependen de los recursos provenientes de las remesas, el turismo, el comercio con Estados Unidos y Canadá, y desde luego de las inversiones del extranjero. Ser un líder de izquierda regional no es del todo compatible con una buena relación con Estados Unidos, sería de alguna manera poner un obstáculo a sus proyectos. 

Su momento más radical en la política exterior hacia América Latina sucedió apenas hace unos días cuando, debido a su apoyo a Pedro Castillo, declaró que no entregaría la presidencia pro tempore de la Alianza del Pacífico a Dina Boluarte, presidenta del Perú. La mandataria respondió de forma enérgica señalando injerencia en asuntos internos de su país. Como respuesta, ambos países se encuentran al borde de la ruptura de relaciones diplomáticas, aunque la situación ha bajado el tono. Como alternativa, López Obrador propuso entregar la presidencia a Chile, pero el presidente Boric se negó. Al igual que el mandatario chileno, Gustavo Petro ha evitado las declaraciones radicales y los roces internacionales. Aún falta entonces el desenlace de este problema diplomático entre México y Perú cuando termine la presidencia mexicana en la alianza. AMLO está así lejos de un liderazgo regional que no ha buscado, pero que sí se llegó a esperar de él. 

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