México exige justicia por el descubrimiento de un presunto campo de exterminio

En Teuchitlán, Jalisco, familiares de personas desaparecidas marchan en busca de justicia ante los alarmantes hallazgos de un presunto sitio de exterminio ligado a grupos criminales. Aunque la investigación sigue en curso, los colectivos de búsqueda denuncian su exclusión del proceso. Esto ha intensificado los llamados a la transparencia y la acción inmediata durante este mes.
Una marcha impulsada por la angustia
Tras el hallazgo de lo que parece ser un campo clandestino de entrenamiento y exterminio en Teuchitlán, Jalisco, diez días después, familias, amigos y activistas tomaron las calles para exigir justicia. La protesta se basó en acusaciones que vinculan la zona con el crimen organizado y en la frustración ante la falta de respuestas claras. La manifestación concluyó en la Iglesia del Señor de la Ascensión, donde los asistentes colocaron carteles de búsqueda e imágenes de sus seres queridos desaparecidos, cada fotografía representando un doloroso recordatorio de la crisis en curso.
Entre lágrimas y gritos de indignación, los manifestantes exigieron respuestas más firmes de las autoridades. Muchos expresaron sentirse abandonados, denunciando investigaciones lentas o que excluyen a quienes más sufren. La indignación pública aumentó desde que el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco descubrió, el 5 de marzo, fosas clandestinas con restos óseos y objetos personales, lo que convirtió la frustración local en un clamor nacional.
FGR toma el control, familias exigen transparencia
Tras el hallazgo en el Rancho Izaguirre, la investigación pasó a manos de la Fiscalía General de la República (FGR), que bloqueó el acceso al sitio, lo que generó tensiones con los colectivos de búsqueda. Estos denunciaron que la restricción vulnera los derechos de las familias afectadas. La Comisión de Búsqueda de Personas del Estado de Jalisco explicó que se requiere autorización previa para acceder, aunque aseguró que los familiares podrían estar presentes sin especificar cómo.
Los líderes de los colectivos señalaron que esta decisión dificulta la colaboración en la recuperación de restos y evidencias que podrían ayudar a identificar a las víctimas. Pidieron la intervención de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, argumentando que la exclusión retrasa el esclarecimiento de los casos. Muchas familias siguen esperando la oportunidad de identificar pertenencias como zapatos o juguetes infantiles que podrían estar ligados a sus seres queridos desaparecidos.
Memoria y crisis nacional
Ante la creciente presión social, líderes locales, entre ellos el sacerdote Jaime Gustavo Navel Mora, propusieron la construcción de un monumento en honor a las víctimas. Este memorial serviría como tributo y advertencia para evitar que se repitan atrocidades similares. En un país donde se estima que desaparecen 30 personas al día, activistas esperan que el reconocimiento de las víctimas impulse cambios concretos.
El impacto de lo sucedido en Teuchitlán ha provocado indignación en todo México. Organismos nacionales e internacionales han exigido investigaciones a fondo, señalando que el caso evidencia problemas estructurales vinculados a la desaparición forzada y el crimen organizado. La presidenta Claudia Sheinbaum respondió a las críticas, acusando a sus opositores de exagerar la situación. Aseguró que la FGR presentará resultados concluyentes y que en breve habrá un informe oficial.
Datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas reflejan una realidad alarmante: más de 120,000 desapariciones registradas en México desde la década de 1960. Sin embargo, expertos advierten que la cifra real podría ser aún mayor debido al subregistro y a la falta de un sistema uniforme de documentación. La respuesta social en Teuchitlán refleja el temor de que la burocracia, la politización del problema y la magnitud de la crisis sigan dificultando el acceso a la justicia para las familias afectadas.
A pesar de los obstáculos, las familias que marcharon en Teuchitlán siguen firmes en su exigencia de verdad y justicia. Sus voces recuerdan que detrás de cada número hay una historia humana. Al exigir acceso a los sitios en investigación, promover el diálogo con las autoridades y honrar la memoria de sus seres queridos, estos activistas han convertido su dolor en un llamado urgente contra la impunidad.
Si bien aún no está claro si este movimiento logrará impulsar reformas de fondo, una cosa es segura: estas familias no permitirán que sus desaparecidos sean olvidados. Analistas coinciden en que el contexto político en México complica la resolución de estos casos. Mientras Sheinbaum promete resultados, críticos acusan a su gobierno de minimizar la crisis. Opositores sostienen que visibilizar casos como el de Teuchitlán es clave para exigir justicia y movilizar recursos.
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En medio de disputas políticas, las familias sienten que han sido relegadas. Defensores de derechos humanos insisten en que cualquier estrategia real debe centrarse en las víctimas y sus allegados, quienes a menudo buscan respuestas con escasos recursos y sin respaldo institucional. Con su lucha, los manifestantes de Teuchitlán se suman a un clamor nacional por transparencia, justicia y reformas profundas para erradicar la impunidad que perpetúa las desapariciones forzadas en México.
“Para estas familias, la esperanza resiste incluso en medio del dolor más profundo”.