VIDA

Padre venezolano baleado por ICE sigue detenido mientras su familia pide atención médica

Wilber Garcés hacía entregas en Austin para mantener a su familia en Venezuela. Tras ser baleado por un agente migratorio, el joven de 28 años fue hospitalizado y luego detenido. Su madre ahora pide atención médica para su hijo, quien la llamaba entre trabajos en Texas.

La llamada que lo cambió todo

Uno de los consuelos diarios de Flor Pérez era un mensaje de su hijo: “Estoy bien, mamá. ¿Cómo estás tú?” Entre entregas en su Toyota Corolla azul, Wilber Garcés hablaba con ella sobre ahorrar lo suficiente para abrir un negocio en Venezuela. Trabajar en el extranjero era para construir algo en casa. La ambición nunca fue solo suya.

Luego, el 20 de septiembre, la llamada cambió. “Mamá, me dispararon, chocaron mi carro y migración me agarró”, le dijo, según el relato que dio a EFE desde Barquisimeto. Un agente migratorio le había disparado en Austin. Él llamó primero a su madre.

Garcés fue llevado a un hospital y dado de alta en pocas horas, luego trasladado a un centro de detención migratoria en el sur de Texas. La bala seguía en su cuerpo, reportó EFE. Su familia, activistas y legisladores estadounidenses han pedido su liberación para que reciba el tratamiento que consideran necesario.

La respuesta del gobierno, también reportada por EFE, es que su atención médica es mejor que la que reciben los ciudadanos estadounidenses en cárceles del país. Esa comparación no ofrece un plan de tratamiento ni explica la decisión de dar de alta a este paciente en particular.

Pérez quiere que le retiren la bala. Su petición expresa el temor de una madre, no una determinación clínica de que la cirugía sea el tratamiento adecuado. El relato no contiene registros médicos que resuelvan esa cuestión. Lo que más desea es la certeza de que su hijo está siendo atendido.

Un hombre sostiene un cartel en el lugar donde un agente de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) hirió gravemente a un migrante venezolano el pasado domingo en Austin, Texas, el 22 de septiembre de 2026. EFE/Carlos Ramírez

El dinero viajaba en ambas direcciones

Garcés es originario de Yaritagua. Su tía Jacqueline Pérez lo describe como el hijo mayor y sostén del hogar. Su hijo de siete años, Axel, vive en Venezuela con la madre del niño. Familiares cuentan que una complicación durante el parto le dejó dificultad para mover el lado derecho de su cuerpo.

El tratamiento implica gastos continuos. “Axel es su vida, su todo”, contó Jacqueline a EFE. “Wilber volvió a nacer a través de él. Son idénticos.” El negocio que Garcés esperaba establecer buscaba dar estabilidad a su familia, con las necesidades de su hijo en el centro.

Ese plan dependía de más que solo sus ganas de trabajar. Antes de Texas, vivió en Perú, donde Flor pasó tiempo vendiendo en la calle. Garcés trabajó en construcción y luego haciendo entregas. Su madre recuerda cómo las oportunidades disminuían y la discriminación contra venezolanos aumentaba, hasta que los amigos empezaron a irse y él decidió seguirlos.

No fue un solo salto de la dificultad a la seguridad. Perú ofreció trabajo antes de que las oportunidades se redujeran, dijo su madre. Ir al norte significó empezar de nuevo, con la familia financiando otro intento costoso para lograr esa seguridad tan esperada.

Ella ayudó a financiar su viaje al norte, que lo llevó por la selva del Darién. “Terminé comiendo solo arroz con mantequilla para poder mandarle dinero”, contó a EFE. Su sacrificio invierte la imagen habitual de la migración como dinero que fluye al hogar: primero, el dinero tuvo que ir hacia la persona que viajaba.

Incluso el sostén del hogar necesitó apoyo antes de llegar a su siguiente trabajo. Flor trabajó más y recortó sus propios gastos. El costo de buscar mejores salarios se pagaba entonces en dos lugares, a través de su viaje incierto y de las comidas más pequeñas de ella.

Esa misma interdependencia ahora agrava su lesión. Perder la capacidad de trabajar interrumpe el apoyo actual y retrasa el ahorro destinado al negocio. El reportaje no ofrece cifras de ingresos, costos de tratamiento ni ahorros totales para calcular la pérdida. Sin embargo, su impacto en tres generaciones es evidente.

Una fotografía de diciembre de 2023, proporcionada por Jacqueline Pérez, muestra a su sobrino Wilber Garcés a punto de abordar un avión hacia el norte de México para su cita con CBP One. EFE/Jacqueline Pérez

Una madre tras las rejas

Garcés llegó a Ciudad de México en septiembre de 2023 y esperó una cita a través de CBP One. Su madre dice que luego se presentó en el cruce fronterizo de San Ysidro y viajó a Texas, donde tenía amigos. Su relato describe la ruta de ingreso al país, no el expediente completo de sus trámites migratorios.

En Austin, plataformas de entrega como DoorDash le dieron trabajo que a veces se extendía hasta diez horas al día. Esos turnos largos miden el esfuerzo, no la seguridad financiera. El tiempo al volante no revela cuánto quedaba después de los gastos para mantenerse a sí mismo y a su auto en la carretera.

Aun así, su madre lo recuerda sintiéndose tranquilo. Hablaban mientras él entregaba pedidos o trabajaba en el Corolla—las llamadas encajaban en rutinas que les permitían mantenerse en contacto a pesar de la distancia.

También llevó el fútbol consigo. De niño jugaba en su barrio y luego se unió a un club local; en Perú, hizo amigos y volvió a jugar. Su tía lo molestaba por tratar un partido común como si estuviera en un estadio.

Esos recuerdos le dan a Flor alguien a quien aferrarse más allá del hombre herido de los titulares. Desde el tiroteo, contó a EFE, dormir se ha vuelto difícil. Quiere correr a su lado pero sigue lejos, incapaz de convertir una llamada telefónica en una visita al hospital.

No pide al público que resuelva cada pregunta sobre el encuentro antes de ayudar a su hijo. “Quiero que lo atiendan, que lo curen y que lo vean bien”, dijo a EFE.

Antes del tiroteo, madre e hijo hablaban de lo que pasaría una vez que él ahorrara lo suficiente. Ahora el futuro comienza con otro requisito: que él se recupere lo suficiente para volver a imaginarlo.

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