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Satélites: observadores del bosque desde el espacio

El uso de estos elementos permiten analizar los bosques y otros ambientes para determinar su estado actual y su evolución.

Imagen calibrada para resaltar las actividades mineras.

Los satélites captan imágenes en forma automática y sistemática, lo que permite hacer comparaciones a lo largo del tiempo. / Foto: Flickr-Coordinación General de la Observación de la Tierra / INPE

Latin American Post | Jorge Guasp

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Read in english: Satellites: Forest watchers from space

Los satélites ayudan a estudiar la naturaleza para poder protegerla

Desde hace varios años, el uso de la tecnología es vital en el cuidado del medio ambiente. Una muestra palpable son los satélites, que permiten tener ojos en todas partes del mundo y ahcer seguimiento al derretimiento de los polos, incendios forestales, desastres naturales, etc.

Por ejemplo, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) de Argentina, en el ámbito del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación (MINCyT) , presenta las primeras imágenes del satélite de observación de la Tierra SAOCOM 1B, que fue puesto en órbita el 30 de agosto pasado y así, junto al SAOCOM 1A, completó la primera constelación de satélites radar argentinos (Primeras imágenes del SAOCOM 1B muestran la Argentina desde el Espacio, 13 de noviembre 2020, saocom.invap.com.ar. Según INVAP (Investigación Aplicada, empresa tecnológica mixta de Argentina), el SAOCOM orbita a 620 km, pesa 3000 kg, tiene una resolución espacial de 10 a 100 m, y fue lanzado por el Falcon 9 de la empresa SpaceX.

Por medio de los satélites también se puede hacer un rastreo a la deforestación de bosques. Según la NASA, “las observaciones de los satélites Landsat indican que aproximadamente 20 por ciento ―142.000 kilómetros cuadrados (55.000 millas cuadradas)― del bosque del Gran Chaco se convirtió en tierras de cultivo o pastoreo entre 1985-2013”.

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Antecedentes de la teledetección

Hace más de 20 años, los ambientalistas tenían que reconocer especies de un bosque a través de pares de fotos aéreas, observadas a través de un estereoscopio, instrumento óptico que unía las imágenes y les daba un aspecto de relieve.

A pesar de que no ha transcurrido tanto tiempo, hoy Google Earth permite observar a través de una pantalla la imagen satelital tridimensional de cualquier lugar del mundo. Aquellas fotografías se tomaban desde un avión en vuelo. Hoy, en cambio, los satélites captan imágenes en forma automática y sistemática, lo que permite hacer comparaciones a lo largo del tiempo.

Características del sistema de relevamiento satelital

La radiación electromagnética, que se utiliza para la formación de imágenes satelitales de la superficie terrestre, puede ser natural (la luz del sol) o artificial (sensores activos, como el radar). La radiación incide sobre los objetos, se refleja, y es captada por el satélite para conformar una imagen de la realidad.

La calidad de la información que el satélite brinda depende de la resolución espacial, es decir, del tamaño del pixel (los pequeños cuadrados que vemos cuando ampliamos una foto) de una imagen raster, donde cada pixel es un cuadrado con información. Cada uno de estos cuadrados puede medir entre 1 y 1000 m. 30 m de resolución, por ejemplo, significa que cada pixel de la imagen corresponde a un cuadrado de 30 m² en el terreno.

Sistemas de Información Geográfica

Existen programas que procesan la información recogida desde el satélite, y la integran a un Sistema de Información Geográfica (SIG). Este sistema no solo contiene imágenes satelitales, sino también capas de información de base (caminos, ríos, infraestructura, etc.). Estas capas pueden superponerse, de modo de ver al mismo tiempo varias de ellas (ríos y caminos, por ejemplo) sobre el fondo de una imagen satelital.

El GPS (sistema de posicionamiento global) es un instrumento clave para el uso del SIG, que se basa en la conexión con varios satélites para determinar la posición actual en el terreno. En la actualidad, el GPS está incorporado en teléfonos celulares, relojes y pantallas de vehículos, y permite navegar sobre mapas virtuales en tiempo real. El GPS almacena puntos o recorridos relevados en el terreno, que pueden subirse al SIG; permite también hacer correcciones en el terreno de la información suministrada por una imagen satelital, y georreferenciar (asignar puntos con coordenadas de latitud y longitud) las fotografías aéreas.

El SIG presenta dos formatos de almacenamiento de la información: raster (la mencionada al hablar de la resolución de una imagen) y vectorial. Esta última consiste en vectores, es decir objetos (líneas, polígonos, curvas, etc.) definidos matemáticamente.

En términos generales, podemos decir que algunos elementos del ambiente absorben más radiación que otros, y por eso los cuerpos de agua, por ejemplo, se ven negros en una imagen. La nieve, en cambio, se ve blanca porque refleja esa radiación. Los SIG permiten asignar y cambiar colores en cada banda del espectro electromagnético, generando así imágenes con falsos colores. Este cambio de tonos realza ciertos elementos del ambiente, que se destacan mejor en un color que en otro.

Cada tipo de vegetación responde a la radiación de distinta manera. Esta respuesta también se modifica cuando un mismo bosque pierde sus hojas en invierno, por ejemplo, o cuando sufre un incendio. Para identificar determinado tipo de cobertura forestal, o evaluar la evolución de un bosque a través del tiempo, se utilizan los índices espectrales de vegetación. De acuerdo con un artículo publicado en la revista Ecosistemas, estos índices “se calculan a partir de la combinación matemática de dos o más bandas de una imagen satelital multiespectral y tienden a presentar, de forma más nítida, las características de la vegetación. De igual forma, facilitan su aislamiento de otras cubiertas y la evaluación de su estado”.

Como vemos, la tecnología mejora la capacidad de realizar relevamientos en el territorio, en especial a gran escala y en casos de incendios, inundaciones, cambios de uso del suelo, etc. Esta información es relevante para tomar consciencia de la destrucción del hábitat que provocan las actividades humanas, y para adoptar medidas destinadas a proteger a la naturaleza, sin la cual nuestra vida corre peligro.