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Paradoja climática: ¿menos emisiones y más combustibles fósiles?

En plena crisis climática muchos de los países que supuestamente están buscando bajar sus emisiones planean aumentar la extracción de combustibles fósiles. Así funciona esta paradoja climática.

Fábrica de refinería de petróleos

Llevamos 6 años del Acuerdo de París y no se han cumplido con los objetivos y compromisos que se propusieron anteriormente.Foto: Unsplash

LatinAmerican Post | Vanesa López Romero

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Mañana (31 de octubre) inicia la COP26, el evento sobre el clima más importante donde se tomarán decisiones a nivel internacional para mitigar el cambio climático. En la COP21 se estableció el Acuerdo de París, en el que los países participantes se comprometieron a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y aportar a la lucha contra el cambio climático optando por energías renovables. Y a pesar de que todo parecía muy correcto, llevamos 6 años de este acuerdo y no se han cumplido con los objetivos y compromisos que se propusieron inicialmente. Uno en particular es el de recorte de emisiones por la extracción y uso de combustibles fósiles para 2030. Acá nos encontramos con una paradoja climática: este compromiso, al parecer, solo existe en el papel, porque en la vida real los países tienen planeado duplicar la extracción de combustibles fósiles durante la próxima década. 

¿Por qué se duplicaría la extracción de combustibles fósiles?

No cabe duda de que la pandemia por COVID-19 ha dejado muchos estragos a su paso, sobre todo económicos. Tras un periodo en la que las actividades económicas se vieron truncadas por las cuarentenas alrededor del mundo se espera que reactivación económica sea la solución. La extracción de combustibles fósiles no solo tiene que ver con la gasolina que se consumen para los autos y otros medios de transporte, sino con la energía que se utiliza en el diario vivir y a gran escala, la cual no es renovable porque, precisamente, viene de la quema de combustibles fósiles, que además tiene una altísima demanda. El problema de la reactivación económica es que, si esta no tiene en cuenta el riesgo para el medio ambiente, se puede acelerar de manera abrupta el cambio climático, que ya de por sí va muy por delante. 

Precisamente son espacios como la COP26 los que permitirían que esto cambiara. Pero, lastimosamente, los intereses monetarios de las grandes industrias (que por supuesto son las más contaminantes) parecen tener más poder que los entes reguladores internacionales, como la ONU, que es la organizadora de la COP y que además ha permitido espacios dentro de las sesiones previas al evento a voceros de estas industrias, todo a partir del lobby.

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Lo que nos lleva a darnos cuenta que si ese ente regulador no actúa de manera consecuente con el Acuerdo de París y con los ideales de los que dice abanderarse, mucho menos actuará en consecuencia con regular y verificar detenidamente que las naciones firmantes cumplan con los objetivos y compromisos acordados. 

¿Qué hay por hacer?

Si bien el panorama se ve problemático teniendo en cuenta que los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030, adjuntos al Acuerdo de París, no están siendo cumplidos en casi que ninguna medida, es muy importante recalcar que como ciudadanos estamos en nuestro derecho de exigir a los gobiernos mundiales que tomen medidas y, sobre todo, que las hagan reales. Asimismo, hay que estar atentos a las conclusiones a las que se lleguen en la COP26 y las garantías que se propongan.

Por supuesto vale la pena recalcar que el actuar individual es de los cambios más reales que podemos tener como sociedad. Si cada una de las personas de una familia, por ejemplo, se plantean cambiar sus hábitos de consumo, ya se está logrando mucho.