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México investiga el asesinato de Claudia Tacoronte mientras otras familias de víctimas siguen esperando respuestas

La investigación del asesinato de Claudia Tacoronte como feminicidio en México ha renovado el escrutinio sobre la muerte de otras estudiantes. Activistas señalan que la respuesta rápida contrasta con casos que enfrentan retrasos, mientras que las cifras oficiales exponen preguntas difíciles sobre cómo se contabilizan las mujeres asesinadas y desaparecidas en todo el país.

Un detenido, otros nombres sin respuesta

Claudia Tacoronte apenas había iniciado su estancia académica en Morelos. La comunidad a la que se integró ya estaba de luto por otras jóvenes. Antes de que la estudiante española fuera asesinada en Cuautla, cuatro estudiantes vinculadas a la Universidad Autónoma del Estado de Morelos habían desaparecido y sido encontradas muertas desde abril de 2025.

Su caso avanzó rápidamente: autoridades federales detuvieron a un sospechoso conocido como El Trompas el jueves en un operativo. Para el viernes, un juez había autorizado el inicio de un proceso penal por feminicidio. Esa decisión permite que la fiscalía avance; no es una condena.

Los casos anteriores siguieron caminos distintos. Aylín Rodríguez, de 20 años, fue hallada muerta en abril de 2025; su novio fue detenido. Kimberly Ramos, de 18 años, fue encontrada muerta en marzo de 2026; un compañero de estudios descrito como su expareja fue arrestado. Ambos casos estaban siendo procesados como feminicidios, informó EFE.

En los casos de Karol Toledo, de 18 años, encontrada muerta en marzo, y Michelle Fuentes, de 15 años, hallada muerta en junio, EFE no reportó información pública sobre detenciones. Sus nombres complican cualquier relato del asesinato de Claudia como una ruptura aislada en un ciclo escolar por lo demás ordinario.

Las autoridades “no reaccionan así cuando se trata de una mujer local”, dijo el colectivo Heroicas e Históricas de Cuautla a EFE. El grupo atribuye la rapidez al escrutinio internacional y describe familias que carecen de recursos para seguir impulsando los casos ante la fiscalía.

Para las familias mencionadas por el colectivo, el duelo viene acompañado de otra exigencia sobre recursos ya limitados: mantener la investigación en movimiento. Una comparecencia, una conversación con la fiscalía, otro intento de obtener información puede competir con el trabajo remunerado y las responsabilidades del hogar. La detención anunciada en el caso de Claudia es un hito visible. El trabajo necesario para llegar a uno suele atraer mucha menos atención pública.

La comparación no establece por qué las investigaciones individuales avanzaron de manera diferente. Pero concreta la pregunta del colectivo: ¿qué sucede con el caso de una familia cuando no hay una audiencia internacional esperando una respuesta?

Estudiantes del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos rinden homenaje póstumo a la estudiante española Claudia Tacoronte Aguilera en Morelos, México. EFE/Tony Rivera

Cómo lo llama el expediente

La fiscalía sostiene que las lesiones y circunstancias del ataque a Tacoronte respaldan la acusación de feminicidio, a pesar del presunto robo. Su postura es que la hipótesis de robo no agota la explicación de la violencia. Si la acusación se comprueba o no, es algo que deberá resolverse en el proceso.

María de la Luz Estrada, directora del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, calificó la respuesta como “atípica” en entrevista con EFE. Señala que los asesinatos con violencia extrema u otros indicios de motivos de género con frecuencia se clasifican sin aplicar los protocolos de feminicidio.

“Muchos feminicidios se registran como suicidio, accidente u homicidio”, dijo. En cuatro casos recientes en Ciudad de México que acompañó el observatorio, tres se trataron inicialmente como accidentes y uno como suicidio. Son casos seleccionados, no una muestra representativa nacional. Ilustran los problemas de clasificación que describe Estrada, pero no miden su prevalencia.

Cifras nacionales citadas por EFE registraron 1,250 víctimas mujeres de feminicidio u homicidio doloso entre enero y julio de 2026. De ellas, 380 fueron clasificadas como feminicidios y 870 como homicidios dolosos: 30.4% y 69.6%, respectivamente.

Esa división no prueba que la categoría más amplia consista en feminicidios encubiertos. Pero sí significa que contar solo los feminicidios oficialmente clasificados excluye a casi siete de cada diez víctimas en este total combinado. Distinguir los delitos requiere evidencia sobre las circunstancias, no solo contar el sexo de las personas asesinadas.

A lo largo de esos 212 días, el total combinado promedia aproximadamente 5.9 muertes diarias. La estimación separada del observatorio de diez mujeres asesinadas al día corresponde a 2015–2025. Diferentes periodos y posiblemente diferente cobertura hacen que una afirmación directa de mejora no sea válida sin reconciliar los registros de base.

Foto de archivo de una marcha contra la violencia hacia las mujeres en Ciudad de México, México. EFE/Arturo Montero

Las mujeres que siguen desaparecidas

La desaparición introduce otra incertidumbre: las familias pueden no saber si la persona que buscan sigue viva. Estrada dijo a EFE que la actividad criminal en algunos territorios agrava la dificultad de que se investiguen las desapariciones de jóvenes.

Entre enero y julio, 1,125 mujeres fueron reportadas como desaparecidas y seguían sin ser localizadas en el corte del registro nacional citado por EFE. Eso equivale a unas 5.3 desapariciones sin resolver por día en el periodo, no necesariamente el total de las reportadas originalmente. Tampoco puede sumarse al conteo de homicidios como muertes confirmadas.

El mismo reporte situó el número acumulado de mujeres desaparecidas en 27,431. Entre quienes tenían edad registrada, el 67% tenía entre 10 y 34 años. La precisión es importante: las mujeres sin edad registrada no pueden asignarse a esa distribución.

Las adolescentes de 15 a 19 años conformaron el grupo más grande, con 5,555 casos. Entre menores de 10 a 14 años, el registro mostró 2,298 niñas y 1,829 niños desaparecidos. Las niñas representaron casi el 56% de esos casos, el único rango de edad en el que las mujeres superaron a los hombres.

Esas cifras identifican una concentración de casos registrados, no la causa de cada desaparición. Sin embargo, sitúan las muertes en torno a la universidad de Morelos dentro de un patrón más amplio que involucra a adolescentes y jóvenes adultas.

El reporte de EFE cita 26 alertas de violencia de género en 23 estados. Estrada también criticó lo que describió como la eliminación de los informes de rendición de cuentas semestrales que las autoridades deben presentar bajo alerta. Su preocupación se suma al argumento del colectivo sobre los casos que continúan después de que la atención pública se desvanece.

La investigación por el caso de Claudia avanza ahora. Para otras familias, las preguntas sin respuesta empiezan antes: dónde está una hija, cómo murió y si los investigadores están haciendo las preguntas correctas.

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