Un autobús de barbería se convierte en salvavidas neonatal tras el terremoto que sacudió los hospitales de Panamá
Tres bebés prematuros encontraron refugio temporal dentro de un autobús barbería en Panamá después de que un fuerte terremoto interrumpiera la atención hospitalaria. Su sala improvisada revela la emergencia más allá de los escombros: mantener a salvo a los pacientes vulnerables mientras edificios dañados, carreteras bloqueadas y el calor complican la recuperación.
Tres cunas bajo los espejos
Los espejos seguían ahí. También las barras de luces LED, vestigios de una barbería en funcionamiento que de pronto tenía otro propósito. Dentro del autobús negro mate de Boss Barber, el personal médico atendía a tres bebés prematuros entre pequeñas cunas, tubos, bolsas de líquidos y cajas de medicamentos.
Cuando EFE visitó Chitré después del terremoto del 9 de octubre, el vehículo estaba frente al hospital público Cecilio A. Castillero. Un empresario lo había puesto a disposición como refugio temporal para recién nacidos cuya atención no podía esperar mientras el sistema de salud dañado se recuperaba.
“Tenemos tres. Son prematuros, es decir, nacieron antes de la fecha prevista”, dijo a EFE la subdirectora regional de salud de la provincia de Herrera. Agradeció al dueño por ayudar a ofrecer las condiciones que necesitaban.
El vehículo ya tenía aire acondicionado. Instalaron dos unidades adicionales después de que los bebés soportaran las primeras horas posteriores al terremoto al aire libre, con altas temperaturas.
“Por el calor, se estaban poniendo rojitos”, dijo la funcionaria a EFE.
También describió su necesidad de apoyo respiratorio, incluidos equipos como el CPAP, porque sus pulmones no habían madurado por completo. La emergencia involucraba a pacientes que ya requerían atención especializada antes de que se alteraran los arreglos habituales del hospital.
El autobús ofrecía un espacio cerrado y climatizado mientras los médicos seguían trabajando. Su antiguo negocio seguía visible a su alrededor, una imagen inusualmente íntima de la respuesta a un desastre: un sustento privado reconvertido temporalmente en torno a tres vidas apenas comenzando.
Para las familias, una sala improvisada añade otra incertidumbre a un comienzo ya difícil: cuándo podrán sus recién nacidos recibir atención en un entorno clínico permanente.

El daño detrás de las cifras
El terremoto de magnitud 7,7 no dejó muertos reportados y unas 30 personas con heridas leves, según el relato inicial. Las autoridades calificaron ese resultado de milagro. Sin embargo, la ausencia de víctimas mortales ofrece una medida incompleta de una emergencia que desplazó la atención médica a calles, parques y refugios temporales.
El reportaje de EFE citó daños en 24 centros de salud. Una evaluación aparte del Ministerio de Salud, publicada el 12 de octubre, identificó 67 instalaciones que requerían intervención entre 842 inspeccionadas, aproximadamente el 8 %. El ministerio describió 66 estructuras dañadas con problemas menores, mientras que el hospital rural de Tonosí quedó inutilizable.
Estas evaluaciones describen instantáneas distintas de una emergencia en desarrollo. La cifra más amplia no debe leerse como 67 hospitales destruidos. Tampoco la proporción establece cuánta capacidad de tratamiento se perdió: un recuento de edificios da el mismo peso a instalaciones con servicios, cargas de pacientes y funciones diferentes.
Para los tres recién nacidos de Chitré, la pregunta decisiva era si la atención adecuada podía continuar fuera del hospital. Los porcentajes nacionales no pueden captar ese problema a pie de cama. Una interrupción que afecta a una parte relativamente pequeña de la red puede aun así obligar a pacientes individuales a vivir circunstancias extraordinarias.
El ministerio informó que atendió a más de 6.000 pacientes en las primeras 72 horas. No se trataba de un recuento de heridos por el terremoto. La cifra subraya la demanda constante de atención médica mientras se evaluaban las instalaciones y se reorganizaban los servicios.
En las zonas afectadas, EFE encontró pacientes acostados en camas bajo carpas del Gobierno y otras donadas por Estados Unidos. El personal médico trabajó largas jornadas. Mantener los servicios disponibles exigió que personal, suministros y espacio utilizable se reunieran pese a los daños alrededor.
La medida más sólida de la recuperación irá, por tanto, más allá de las paredes reparadas. Incluirá si el tratamiento se reanuda en condiciones confiables y si los pacientes pueden llegar a él sin obstáculos adicionales.

El auxilio debe llegar a la orilla del camino
Se reportaron más de 2.000 estructuras y otros activos de infraestructura dañados, con la destrucción concentrada en la península de Azuero. Sus pequeñas comunidades dependen en gran medida de la agricultura y la ganadería, y muchas tienen poblaciones envejecidas. Las necesidades de la región van mucho más allá de las fotografías más llamativas.
Durante su recorrido por las comunidades afectadas, EFE encontró carreteras agrietadas por los movimientos de tierra. Los residentes acampaban en parques públicos y comían de ollas comunitarias. Viviendas, iglesias y edificios del gobierno local habían sido destruidos. La ayuda estaba llegando, pero algunas de las aldeas más remotas seguían esperando.
Los caminos dañados hacen que esa llegada desigual sea más que un inconveniente logístico. Pueden complicar el traslado de pacientes y la entrega de suministros. En comunidades con residentes mayores, mantener el acceso a la atención rutinaria corre en paralelo a la respuesta a las lesiones causadas por el terremoto.
El Gobierno declaró una emergencia nacional que permite destinar hasta 100 millones de dólares a la asistencia y la recuperación. Ese límite fija la capacidad de financiamiento; no establece el costo final de la reconstrucción ni muestra cuánta asistencia ha llegado a cada comunidad.
En el momento del reportaje de EFE, la pérdida económica total seguía sin cuantificarse. Los negocios que ocupaban edificios de más de un piso cerraron por precaución y las clases se suspendieron en todo el país. Junto con los daños físicos, el comercio se interrumpió y los hogares tuvieron que reorganizar sus días.
Las donaciones de emergencia ayudan a cubrir las brechas inmediatas. Sostener la atención requiere una transición organizada de los espacios improvisados a servicios confiables, con atención continua a las comunidades alejadas de las carreteras principales.
Dentro de Boss Barber, la respuesta tenía una escala que cualquiera podía entender: tres cunas, equipo médico,, y profesionales que continuaban su trabajo bajo las luces de una barbería. El dueño había puesto un lugar. El equipo médico puso los cuidados. Más allá del autobús, la reconstrucción todavía tenía que ponerse al día.



