ECONOMÍA

Argentina declara su independencia de nuevo mientras Milei reescribe el guion económico

En Tucumán, Javier Milei presentó la austeridad como liberación y la recuperación económica como una segunda independencia. La caída de la inflación, el regreso del crecimiento y las notorias ausencias provinciales revelan tanto la fuerza de la transformación argentina como los pactos políticos aún necesarios para sostenerla.

La segunda declaración de Tucumán

Dentro de la Casa Histórica encalada, donde los delegados rompieron con España en 1816, Javier Milei ofreció a la Argentina otra declaración de independencia. Esta vez no estaba dirigida a una corona al otro lado del Atlántico. Su enemigo, según el presidente, era el propio Estado argentino.

La vieja casa pertenece a un país que aún debate sobre la soberanía y si Buenos Aires ha tomado demasiado de los demás. Milei se paró junto a gobernadores y calificó a la Argentina actual como “diametralmente opuesta” a la nación que heredó en diciembre de 2023.

Eso es lenguaje de campaña. Pero también es una afirmación económica respaldada por datos, como la reducción de la inflación del 211 por ciento al 31 por ciento y el primer superávit fiscal en 14 años, ilustrando reformas concretas bajo el liderazgo de Milei.

La inflación anual, que era del 211 por ciento cuando Milei asumió el cargo, ha caído al 31 por ciento, su nivel más bajo desde 2018. El presupuesto registró superávit por primera vez en 14 años. El FMI espera un crecimiento del 4,5 por ciento tras años de estancamiento y pánico cambiario. Este progreso puede inspirar optimismo sobre el futuro económico de Argentina.

Para los argentinos, la inflación no es solo un gráfico. Es el trabajador del supermercado cambiando etiquetas antes del almuerzo. Es el jubilado que convierte efectivo en latas porque los pesos se devalúan en el cajón. Frenar esa erosión puede devolver una sensación de seguridad y control en la vida cotidiana.

El costo ha sido severo. Se fusionaron ministerios, se eliminaron organismos, se recortaron subsidios y se despidió a 56.000 empleados públicos. Milei llama a eso liberación de un Estado omnipresente. Para quienes perdieron sueldos o el apoyo al transporte, la liberación llegó con forma de factura impaga. Su revolución pide dolor hoy a cambio de una moneda funcional mañana.

El presidente de Argentina, Javier Milei. EFE/Juan Ignacio Roncoroni

La recuperación tiene un saldo social

La sorpresa es que la pobreza parece estar cayendo junto con el gasto público. La Universidad Católica Argentina estima la tasa en 36 por ciento, la más baja desde 2018. Cifras de UNICEF citadas por el gobierno sugieren que 1,7 millones de niños salieron de la pobreza, gracias a apoyos focalizados para familias vulnerables en lugar de subsidios generalizados.

Eso no borra las dificultades. Las estadísticas pueden mejorar mientras millones aún se saltean comidas, comparten viviendas hacinadas o trabajan en la informalidad. Pero la dirección importa. Argentina solía intentar proteger a los pobres subsidiando a casi todos, y financiaba el sistema imprimiendo dinero que castigaba primero a los más vulnerables. La apuesta de Milei es que precios estables más asistencia focalizada pueden superar los descuentos universales financiados por la inflación.

Es un argumento potente en toda América Latina, donde los gobiernos enfrentan la tensión entre protección social y credibilidad fiscal. La respuesta de Milei es radical: achicar la maquinaria, preservar transferencias seleccionadas y dejar que la caída de la inflación haga parte del trabajo redistributivo. El peligro es que un Estado más pequeño se vuelva simplemente más débil fuera de los centros urbanos ricos.

La inversión es la próxima prueba. La desregulación ha llegado a la vivienda, la aviación, las importaciones, los precios de alimentos y el mercado de la yerba mate. El programa RIGI ofrece 30 años de estabilidad fiscal, aduanera y regulatoria para proyectos superiores a 200 millones de dólares. Solo los anuncios mineros suman 31 mil millones, centrados en litio y cobre, mientras los planes energéticos abarcan petróleo y gas, renovables y energía nuclear.

Esas cifras prometen dólares, empleos y capacidad exportadora. Pero también reavivan una vieja pregunta latinoamericana: ¿la riqueza natural construirá una nación o un enclave? Las comunidades cercanas a los sitios de extracción juzgarán el auge por caminos, agua, salarios y resguardos ambientales, no por anuncios en Buenos Aires. La energía barata puede atraer infraestructura de inteligencia artificial, pero los servidores no crean prosperidad amplia automáticamente.

El presidente de Argentina, Javier Milei. EFE/Juan Ignacio Roncoroni

Los gobernadores tienen los votos que faltan

La foto familiar en Tucumán fue reveladora. Trece gobernadores provinciales acompañaron a Milei. Los líderes de la provincia de Buenos Aires, la ciudad de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe no estuvieron. Su ausencia subraya la importancia del apoyo provincial en la construcción del futuro argentino, invitando a los lectores a verse como parte de esta coalición más amplia.

Milei necesita a las provincias porque el federalismo argentino no es decorativo. Los gobernadores influyen en los votos del Congreso, administran servicios esenciales y negocian impuestos, transferencias y obras públicas. Su promesa de quitar “la bota” de la política nacional del cuello provincial sonó libertaria, pero también fue transaccional. Quiere autonomía para los gobernadores que ayuden a aprobar reformas tributarias, laborales, previsionales y federales.

El presidente entra a esa negociación con fuerza. Una encuesta de Opina Argentina ubicó su imagen positiva en 49 por ciento. La Libertad Avanza obtuvo el 41 por ciento en las legislativas, por delante de la peronista Fuerza Patria con 32 por ciento, y se convirtió en el mayor bloque de la Cámara baja tras la adhesión de más diputados. Por primera vez desde 1989, el peronismo ya no ocupa ese lugar.

Aun así, la recuperación no se ejecuta políticamente sola. Las denuncias que involucran al círculo íntimo de Milei, incluida su hermana y asesora Karina, expusieron el riesgo de prometer renovación moral mientras se responde lentamente al escrutinio. Su estilo más conciliador sugiere que entiende que la disrupción atrae atención, pero la reforma duradera requiere socios.

El discurso en Tucumán fue entonces menos una vuelta olímpica que una audición de coalición para 2027. Milei usó el lenguaje de la independencia para vincular el ajuste fiscal con el renacimiento nacional. Fue ingenioso, casi teatral. Argentina ya ha escuchado grandes refundaciones antes.

El verdadero veredicto llegará lejos de la Casa Histórica, en pagos de alquiler, turnos de fábrica, hospitales provinciales, pueblos mineros y cocinas donde se revisan los precios sin ceremonia. Milei ha cambiado el rumbo de Argentina, pero si estas reformas serán sostenibles y conducirán a una estabilidad duradera depende de esfuerzos compartidos que vayan más allá de las promesas políticas.

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