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Elecciones Brasil: globalismo vs ultranacionalismo

La reciente victoria en Italia de Giorgia Meloni y las elecciones en Brasil, evidencian que la política mundial hoy se debate entre proteccionismo e integración a escala global.

Lula da Silva y Jair Bolsonaro

Foto: AFP

LatinAmerican Post | Santiago Gómez Hernández

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Lula da Silva contra Jair Bolsonaro, así se disputará la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil. Un resultado en primera vuelta que no sorprende a nadie, en un contexto político sumamente polarizado y en el que una tercera candidatura con serias aspiraciones a pasar a siguiente ronda nunca se concretó.

Las únicas noticias que se esperaban eran si Lula ganaría en segunda vuelta (no pasó, solo sacó el 48,33%); y si Bolsonaro le iría mal como en las encuestas (no pasó, alcanzó 43,28%). Lo que sí ocurrió fue que, finalmente, Simone Tebet (4,17% de votos) sobrepasó a Ciro Gomes (3,05%) en el tercer puesto y que ahora podrán jugar un papel importante dependiendo de a dónde se incline la balanza electoral en segunda vuelta. Si Lula logra convencer la totalidad de los votos de Tebet o Gomes (además de mantener los propios), se asegurará la victoria.

La presidencia de Brasil se disputará nuevamente entre el candidato del Partido de los Trabajadores y Bolsonaro (como en 2018); entre un candidato conservador y otro socialista; entre la izquierda y la derecha. Pero también es otra batalla entre el globalismo y el ultranacionalismo. Esa misma batalla que vimos hace unas semanas en Italia y que le dio la victoria al bloque de derecha encabezado por Fratelli d’Italia con Giorgia Meloni. Un movimiento que rechaza la inmigración masiva, la integración política y económica con Europa, los valores progresistas liberales y hasta la lucha contra el cambio climático.

Otro claro ejemplo de este movimiento en contra de la integración liberal fue el Brexit. Impulsado nuevamente por grupos nacionalistas y conservadores, lograron excluir al Reino Unido de la Unión Europea, demandando una mayor libertad para políticas nacionales y menos políticas comunitarias.

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Precisamente, varios de estas medidas son también compartidas por otros líderes mundiales como Donald Trump (Estados Unidos), y precisamente, Jair Bolsonaro. Muchos los catalogan como ultranacionalistas, quienes están en contra de la integración. Es verdad que también comparten valores conservadores tradicionales y comparten varias teorías conspirativas: ya sea el rechazo al cambio climático o a las vacunas contra la Covid.

Al otro lado del “ring” político, está Lula da Silva y el integracionismo. Este ideario liberal que hoy comparte con varios políticos socialistas o de izquierda es catalogado como “globalismo”. Procura una integración general entre países y cooperación para desafíos globales como medio ambiente y derechos humanos.

El mismo Lula fue uno de los más importantes políticos en fortalecer la integración política en Latinoamérica cuando él estuvo en su primer mandato entre 2003 y 2010. También fue uno de los fundadores del grupo de los BRICS, un grupo de cooperación internacional fundado por las potencias emergentes alejadas de occidente: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Hoy es un grupo que se ha quedado en el olvido y poco ha avanzado en sus proyectos. La posible llegada de Lula podría revivir esta organización, aunque será difícil prever el futuro de Rusia y la disponibilidad de ahondar la integración entre los demás líderes.

Los miedos de ambos bandos

Grupos moderados ven en los proyectos ultranacionalistas un retroceso en las democracias y la cooperación. Debido a los desafíos que se avistan en la lucha contra el cambio climático y los derechos humanos, la falta de integración puede dificultar el trabajo para mejorarlos.

Por el otro lado, los nacionalistas ven en los globalistas, los planes de acabar con el estado-nación, la imposición de normas provenientes de burócratas e, inclusive, la disminución de derechos y libertades propias de los conservadores, como la libertad religiosa.

¿En contravía del deseo Latinoamericano?

Mientras que en Europa y Estados Unidos el rechazo a los proyectos de integración regional e internacional aumenta: caso como la Unión Europea, OTAN, etc.; en Latinoamérica, sigue siendo un anhelo de muchos pueblos.

Según una encuesta publicada por el Banco Interamericano de Desarrollo en su estudio: “La voz latinoamericana: percepciones sobre integración regional y comercio: febrero 2022”; el 71% de los latinoamericanos están de acuerdo en una mayor integración con otros países de Latinoamérica. Cada cierto tiempo se crean nuevos grupos y proyectos: Mercosur, Unasur, Prosur, Comunidad Andina, Alianza del Pacífico, ALBA, etc.

La encuesta, solo el 47% de los latinos cree que su país avanzó en una mayor integración regional. Solo Chile, El Salvador, República Dominicana, Panamá, México, Paraguay, Uruguay y Perú tiene una percepción mayor al 50%. Mientras que en Venezuela, la sensación es del 24%.

La ironía latinoamericana es que mientras que la región guarda un idioma (o dos muy similares) y una cultura cercana; con problemas generalizados (pobreza, cambio climático, crisis migratoria, etc.); y un deseo por una mayor integración, los países no han sido capaces de lograr una unión significativa que afecte positivamente la vida de los ciudadanos.

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