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EE.UU: Análisis del plan climático de Biden

Para la administración de Joe Biden, el tema ambiental ha sido uno de los más problemáticos y enredados, pese a ser una de las banderas de su campaña. Sin embargo, con la aprobación del proyecto de "Ley de Reducción de la Inflación de 2022", el panorama podría cambiar. 

Joe Biden

Foto: TW-Joe Biden

LatinAmerican Post | María Fernanda Ramírez Ramos

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La Casa Blanca y el Partido Demócrata han estado en negociaciones constantes con los congresistas, por cerca de un año y medio, para sacar adelante diversas reformas de amplio impacto. El Senado y la Cámara han aprobado la "Ley para la Reducción de la Inflación". Se trata de un plan que abarca las áreas climáticas, fiscales y sanitarias del país. Tres temas muy sensibles en el contexto actual.

El paquete económico tendrá 433.000 millones de dólares en inversión, que serán destinados a sacar adelante un plan medioambiental nunca antes visto, así como para regular el precio de los medicamentos y energía, y asegurar el acceso a tratamientos médicos o servicios de salud.

El plan ha tenido tanto críticas como elogios. Una muestra de ello es que en el Senado la votación fue de 50 vs. 51. De hecho, el desempate lo dio Kamala Harris, la vicepresidenta. Uno de los temas más controversiales ha sido el de la regulación de los precios de los medicamentos y de la energía. Asimismo, hay cuestionamientos, mayoritariamente por parte de los Republicanos, sobre si realmente ayudará a regular la inflación en el país, pues aseguran que el gobierno no debería invertir en esos temas y que esto solo estimulará que haya una mayor inflación.

 

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¿Qué pasa con el plan climático?

Este plan propone la inversión de alrededor de $370,000 millones para combatir el cambio climático. De acuerdo con el documento publicado por el Congreso, se enfoca en 5 puntos principales:

  • Bajar el precio de la energía para los estadounidenses: reducir el costo para los hogares en las facturas de electricidad y ayudar a financiar tecnologías que reduzcan el precio de la energía y las emisiones.
  • Aumentar la seguridad energética estadounidense: se invertirá en proyectos de energías verdes, al mismo tiempo que se pretende acabar con la dependencia de China. Esto, apoyado en una inversión en tecnologías limpias y aumento de los puestos de trabajo.
  • Invertir en la descarbonización de todos los sectores de la economía a través de programas federales que den apoyo a la creación de soluciones climáticas.
  • Centrar las inversiones en las comunidades desfavorecidas.
  • Apoyar a las comunidades rurales a ser resilientes ante el cambio climático, a través de inversión en agricultura amigable con el medio ambiente.

Los demócratas sostienen que este proyecto permitirá reducir en un 40% las emisiones de los gases de efecto invernadero para 2030. Aseguran que habrá deducciones fiscales para la estimulación de las energías renovables. A primera vista, todo parece positivo. No obstante, es un documento de 730 páginas.

 

No obstante, no todo son buenas noticias. Si bien este plan climático es más ambicioso del que se podría esperar por parte de los Republicanos, también tiene ciertas áreas que generan dudas. En primer lugar, es un plan menos ambicioso que el originalmente presentado por Biden, pues para conseguir los votos y su aprobación debió ser negociado y reformulado.
 
El senador demócrata Joe Manchin, fue una de las personas que más resistencia puso al plan inicial y con quien debió negociar Biden. No obstante, esta negociación no fue gratuita. Una investigación del New York Times denunció que el plan climático beneficiará a grandes gigantes de los oleoductos, como la empresa Mountain Valley. Al parecer, Machin, conocido por sus negocios en la industria minera y energética, ha conseguido que se le otorguen beneficios a grandes empresas petroleras y mineras. De esta forma, se garantizaron más exploraciones de petróleo y gas en terrenos públicos. 
 
Al respecto, diversas organizaciones ambientalistas y científicos han señalado que se trata de un pacto suicida. Aunque, por un lado, se promueva la inversión en energías renovables, por el otro, se sigue dando impulso a los combustibles fósiles. Tampoco hay que olvidar que con la guerra en Ucrania Estados Unidos ha aumentado enormemente su exportación de gas hacia Europa.
 
El Centro para la Diversidad Biológica ha lanzado un comunicado asegurando que hay varias "píldoras venenosas" en la "Ley de Reducción de la Inflación", en materia medioambiental. "Un paquete climático y energético propuesto requeriría el arrendamiento masivo de petróleo y gas en el Golfo de México y Alaska, restablecería una venta de arrendamiento ilegal del Golfo de 2021 y ordenaría que se ofrecieran en arrendamiento millones de acres más de tierras públicas antes que cualquier nueva energía solar o eólica. Los proyectos podrían construirse en tierras o aguas públicas", señala su declaración.
 
De esta forma, la estimulación a la producción de combustibles fósiles entra en una clara contradicción con los objetivos climáticos sugeridos por el gobierno. No obstante, también refleja que la ambición está puesta en una seguridad energética y no necesariamente ambiental. Pese a que se haga una inversión en energías renovables, es difícil que dichas inversiones compensen el daño que puedan hacer nuevos proyectos relacionados con el extractivismo. No hay que olvidar, que el Tribunal Supremo también recortó el poder de la Agencia de Protección Medioambiental EPA, lo que también deja "coja" la lucha climática en el país.
 
El verdadero problema está en que de las políticas que implementen China y Estados Unidos en materia climática y medioambiental depende el resto del mundo, pues su impacto es enorme. Así que el mundo espera un compromiso real de estas potencias. Cualquier paso hacia adelante es bueno, pero ante la crisis, no hay posibilidades de retroceder.