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Panamá cuenta denuncias de abuso sexual, pero los niños necesitan más que cifras de casos

Panamá registró 4,599 denuncias de delitos sexuales en ocho meses, con menores involucrados en el 78% de los casos. Detrás del aumento de reportes y una disculpa de la iglesia, defensores describen vacíos en prevención y apoyo psicológico que dejan a los niños en riesgo mucho antes de que las autoridades intervengan.

Los reportes detrás de la disculpa

En un evento de la Iglesia Católica en Panamá, salieron a la luz dos registros de presunto abuso. Uno correspondía a 24 denuncias que la Arquidiócesis de Panamá recibió en más de dos décadas. El otro contenía 4,599 denuncias de delitos sexuales presentadas ante la fiscalía nacional en solo ocho meses.

No eran totales comparables. Su limitación común era lo que ninguno podía captar: las experiencias de personas que nunca denunciaron lo sucedido.

El arzobispo metropolitano José Domingo Ulloa pidió perdón por denuncias que involucraban a menores y personas vulnerables recibidas entre 2002 y 2025. El padre Jordi Pujol, coordinador de la comisión independiente que las examinó, dijo que esos 24 casos no eran toda la historia.

“El miedo, la vergüenza, la dependencia y el temor a no ser creídos hacen que muchos casos nunca se cuenten”, dijo en declaraciones recogidas por EFE.

El procurador general Luis Carlos Gómez presentó las cifras nacionales en el mismo evento. De las denuncias registradas entre enero y agosto de 2026, dijo, el 78% involucraba a menores. Aplicado al total, ese porcentaje sugiere aproximadamente 3,600 denuncias que involucran a niños y adolescentes, aunque no es un conteo exacto de víctimas individuales.

Las estadísticas publicadas por la fiscalía no ofrecen ese desglose de edades. Por lo tanto, la revelación de Gómez hizo visible algo que el total general no podía mostrar: casi cuatro de cada cinco casos reportados involucraban a alguien menor de 18 años.

Esa concentración le da un significado diferente a las cifras nacionales. La respuesta no puede diseñarse solo en torno a adultos que pueden salir de una situación peligrosa, buscar asesoría de forma independiente o acercarse a las autoridades sin la ayuda de otra persona.

El procurador general de Panamá, Luis Carlos Gómez, habla durante la presentación de un informe en la Ciudad de Panamá, Panamá. EFE/Bienvenido Velasco

Lo que revela el aumento

Las 4,599 denuncias representan un aumento de 527 respecto a las 4,072 registradas durante los mismos ocho meses de 2025. El incremento es de aproximadamente 13%. Para los investigadores, significa cientos de reportes adicionales que evaluar, independientemente de la razón por la que más personas decidieron denunciar.

Gómez advirtió que el aumento no necesariamente representa un incremento equivalente en los delitos. En declaraciones recogidas por EFE, sugirió que una mayor disposición a denunciar, o una mayor confianza en las instituciones, también podrían contribuir.

Esa es una posible explicación, no una conclusión establecida por los totales. Un aumento en las denuncias puede coexistir con abusos continuos. Un registro de denuncias más bajo, por su parte, no demostraría por sí solo que los niños están más seguros.

Gómez identificó a los adolescentes de 15 a 17 años como el grupo de edad más reportado, citando un 42%. El informe no aclara si ese porcentaje se refiere a todas las denuncias o solo a las que involucran menores, por lo que convertirlo en un número preciso podría exagerar lo que se sabe.

Las 24 denuncias de la iglesia presentan otro problema de conteo. Abarcan de 2002 a 2025, corresponden a una arquidiócesis e incluyen tanto a personas vulnerables como a niños. No pueden sumarse al total nacional de ocho meses ni tratarse como la parte de la iglesia en los delitos actuales.

La advertencia de Pujol se dirige a las personas fuera de ambos registros. Denunciar requiere más que una oficina dispuesta a tomar una declaración. Alguien debe sentirse capaz de hablar sin perder la protección, el techo o las relaciones de las que depende.

El arzobispo metropolitano de Panamá, José Domingo Ulloa, habla en la presentación de un informe en la Ciudad de Panamá, Panamá. EFE/Bienvenido Velasco

Protección antes de un número de caso

Para Suky Yard, abogada de la Fundación Vida Mujer, las cifras no fueron dolorosamente sorprendentes. Su organización lleva tiempo alertando sobre la violencia sexual contra menores. Lo que le preocupa, dijo a EFE, es la desconexión entre las medidas preventivas y las instituciones responsables de implementarlas.

Dijo que no conoce ningún programa local coordinado que lleve la prevención a los barrios y escuelas. Esa es su evaluación de la respuesta, no un inventario verificado de todos los servicios en Panamá.

Su preocupación es lo que ocurre antes de que una familia llegue a la fiscalía. La prevención en el aula o la comunidad puede abordar la sexualización de las niñas y las actitudes dentro de los hogares, donde ocurre parte del abuso, señaló Yard.

Las estadísticas de la fiscalía registraron 177 denuncias de “violación doblemente agravada”, una categoría que el informe asocia con agresores dentro del círculo familiar. Cuando el presunto abusador es un familiar, denunciar puede significar desafiar a alguien dentro de la propia red de apoyo del niño. La advertencia de Pujol sobre la dependencia se vuelve especialmente concreta.

Un informe de UNICEF de 2025 citado por EFE contabilizó más de 14,000 madres adolescentes en Panamá y situó su tasa de embarazo adolescente en el doble que la de Costa Rica y Uruguay. Esas cifras no establecen cuántos embarazos resultaron de violencia sexual.

UNICEF identifica a las niñas menores de 18 años como la gran mayoría de las víctimas de violencia sexual reportadas. Esa concentración es importante al decidir a quién deben llegar las campañas de prevención. No hace invisibles a los niños, ni significa que el acceso de un menor a la ayuda deba depender de si la familia está dispuesta a hablar.

Donde existe esa conexión, sin embargo, una investigación solo aborda parte de las consecuencias. El embarazo y la crianza suman responsabilidades a la necesidad de protección y de continuar con la educación. Yard también criticó lo que describió como la ausencia de un programa nacional de apoyo psicológico para las víctimas.

Su advertencia no significa necesariamente que el futuro de un niño esté irremediablemente perdido. Se trata de si el apoyo está disponible después de la denuncia, cuando la atención pública se traslada a otro tema.

Una denuncia marca el momento en que una institución se entera de un daño presunto. La prevención se refiere al tiempo anterior; la atención sostenida, a lo que sigue. Las nuevas cifras de Panamá hacen más visible el primer momento. La pregunta de Yard es qué ocurre a ambos lados.

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