El Salvador y Guatemala observan cómo la temporada de lluvias en el lago Güija se queda corta
En el lago Güija, El Niño amenaza la pesca, la agricultura y el abastecimiento de agua que comparten El Salvador y Guatemala. Las familias esperan la lluvia antes de que termine noviembre, mientras la sequía expone cómo un humedal protegido puede seguir siendo peligrosamente vulnerable a la pobreza y la política.
La lluvia que nunca sumó
Para Marlon López, la ausencia de lluvia tiene una duración, no solo un nombre. El agricultor dijo a EFE que la zona alrededor del lago Güija pasó “un mes y 15 días sin una sola gota de lluvia”. Las lluvias finalmente regresaron. Aun así, no lograron llenar el lago.
Cerca de Metapán, en el occidente de El Salvador, pescadores dijeron a EFE que el agua no había subido como normalmente ocurre durante la temporada de lluvias. Su ansiedad va más allá de la pesca del día. Temen entrar a los meses secos sin suficiente agua para mantener los peces de los que dependen sus familias.
Un pescador, que pidió a EFE no ser identificado, expresó su preocupación de que la lluvia insuficiente afecte la reproducción antes de la temporada seca. Es una advertencia basada en la experiencia, no en un pronóstico medido de la población de peces. El reportaje no proporciona cifras de capturas ni un estudio de reproducción, por lo que no se puede asignar responsablemente un porcentaje a la posible pérdida.
Las cifras generales de precipitaciones ya son lo suficientemente preocupantes. La alerta de sequía del 25 de agosto en El Salvador reportó un déficit de lluvias del 41 por ciento en mayo. Eso significa que la temporada comenzó con solo el 59 por ciento de las lluvias normales, a nivel nacional. No significa que Güija haya perdido el 41 por ciento de su agua.
El pronóstico de septiembre de la Organización Meteorológica Mundial sitúa la probabilidad de que El Niño persista hasta febrero de 2027 cerca del 100 por ciento. Eso no garantiza sequía en cada localidad, advierte la agencia. Aun así, las preparaciones en Güija no pueden asumir que la alteración del Pacífico terminará convenientemente con la temporada de lluvias.
Tampoco noviembre es necesariamente una fecha límite generosa. La alerta nacional anticipaba que la temporada seca se establecería por completo a finales de octubre o principios de noviembre. Las familias que esperan lluvias durante noviembre pueden tener menos tiempo del que sugiere el calendario.

Dos países, un solo presupuesto de agua
EFE calcula que la superficie de Güija es de unos 45 kilómetros cuadrados, con un 74 por ciento en El Salvador y un 26 por ciento en Guatemala. Eso equivale aproximadamente a 33.3 y 11.7 kilómetros cuadrados. Esas proporciones dividen un mapa. No dividen las consecuencias de la falta de lluvias o del agua contaminada.
Los ríos Ostúa y Angue traen agua desde Guatemala, según la descripción de un proyecto del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Por lo tanto, la mayor parte del lago en El Salvador no se traduce en control sobre el suministro entrante ni sobre el uso de la tierra aguas arriba.
El lago se conecta con la cuenca del río Lempa, cuyas aguas apoyan el riego y la generación de electricidad. Por eso, su estado importa más allá de los puntos de desembarque de los pescadores. Pero una preocupación nacional por la energía y una emergencia de ingresos familiares operan en escalas diferentes: una familia no puede esperar estadísticas de toda la cuenca antes de decidir cómo alimentarse.
La pesca y la agricultura son fuentes de ingresos separadas. Aquí, ambas dependen del mismo reabastecimiento. Si los cultivos sufren mientras las capturas disminuyen, los hogares no necesariamente pueden sustituir un medio de vida por el otro. El valor del lago incluye tanto la comida consumida en casa como el pescado vendido, por lo que la pérdida de producción resulta doblemente costosa.
El biólogo Rubén Sorto dijo a EFE que las personas alrededor de Güija también usan el agua del lago porque no hay agua potable disponible en sus comunidades. Explicó que las extracciones contribuyen a la disminución de los niveles, normalmente compensados por las lluvias. Sin embargo, el reportaje no cuantifica el uso doméstico frente a la evaporación, el riego u otras demandas. Culpar a los residentes iría más allá de la evidencia.
Los pescadores han instalado pequeños encierros de cría para tilapia, informa EFE. Esos esfuerzos muestran que las comunidades no están simplemente esperando un rescate. Pero el cultivo dentro del lago sigue dependiendo del lago. No puede proporcionar una reserva de agua independiente cuando el sistema más amplio no se repone.

Protección más allá de la orilla
Güija forma parte de un complejo de humedales reconocido bajo la Convención Ramsar en 2010, junto con el área protegida San Diego y San Felipe Las Barras. Sus aves y reptiles comparten hábitat con las aguas de trabajo de las comunidades. La conservación aquí no puede significar sensatamente proteger la vida silvestre dejando a las personas sin un suministro de agua confiable.
Otra preocupación se encuentra al otro lado de la frontera. EFE identifica una amenaza de contaminación asociada al proyecto aurífero Cerro Blanco cerca de Asunción Mita, Guatemala, a unos 17.9 kilómetros del lago. Sin embargo, la proximidad por sí sola no establece que la minería haya causado la escasez actual o que contaminantes específicos hayan llegado a Güija.
La propiedad del proyecto ha cambiado. Aura Minerals adquirió a su propietaria, Bluestone Resources, en enero de 2025 y ahora lo llama Era Dorada. En enero de 2026, Aura anunció una licencia de construcción y obras iniciales, incluyendo el desagüe de la mina. La empresa afirma que busca operaciones subterráneas y se compromete con una gestión ambiental responsable.
Eso hace que los datos de agua verificados de forma independiente sean esenciales, no opcionales. Ambos países necesitan mediciones compatibles de los niveles e ingresos del lago, con pruebas públicas que distingan las fuentes de contaminación de los efectos de la sequía. Una promesa de operaciones seguras no sustituye resultados que los hogares aguas abajo puedan inspeccionar.
La declaración de sequía de El Salvador pide fortalecer los arreglos de abastecimiento de agua y transferencias temporales de efectivo dirigidas a familias vulnerables. Esos compromisos ofrecen una prueba práctica: si la ayuda llega a los hogares ribereños antes de que la caída de la producción se convierta en una factura impaga o en una comida perdida.
Para López y los pescadores entrevistados por EFE, la lluvia sigue siendo la esperanza inmediata. No debería ser toda la política pública. Un lago compartido por dos países debería tener algo más que el clima entre sus comunidades y una mesa vacía.
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