El muro fronterizo de Trump en México traza una línea dura en una tierra viva
A lo largo de la frontera con México, un nuevo muro en Arizona amenaza los lazos familiares y los lugares sagrados de la Nación Tohono O’odham. Mientras avanzan los preparativos de construcción, una supuesta caída del 95 por ciento en las detenciones de migrantes agudiza las preguntas sobre seguridad, soberanía y de quién es la historia que reconoce el proyecto.
Un hogar antes de la línea
Por la noche, algunos miembros de la Nación Tohono O’odham encienden fogatas y realizan ceremonias pacíficas. Durante el día, otros observan a los contratistas y agentes fronterizos trabajando cerca. El presidente Verlon José describió estas rutinas a EFE. Observar se ha convertido en otra forma de proteger el hogar.
La administración del presidente Donald Trump ha iniciado los trabajos en Tucson 5, una barrera fronteriza planificada de 100 kilómetros (unos 62 millas). EFE reporta maquinaria pesada en el sitio, mientras que la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) informa que se están realizando estudios y muestreos de suelo. Los líderes tribales se oponen al proyecto por considerarlo una intrusión en su soberanía. La barrera propuesta, descrita por EFE como una doble capa de acero y concreto de unos 30 pies de altura, se enfrentaría a algo más difícil de medir: una comunidad cuyos lazos familiares se extienden a través de Arizona y el estado mexicano de Sonora.
“Siempre hemos protegido nuestra tierra, nuestra comunidad”, dijo José a EFE, explicando que esta responsabilidad es anterior a Estados Unidos. Su argumento comienza en otro lugar, no en Washington. La tierra no es simplemente un corredor por donde pasan extraños. Es el lugar al que la gente pertenece.
Los miembros cruzan la frontera internacional para peregrinaciones y ceremonias religiosas, o para visitar a familiares. Temen que el muro interrumpa esos viajes y dañe cementerios ancestrales. Un cruce que parece opcional en un plan de vigilancia puede ser indispensable para una familia que mantiene sus obligaciones con los vivos y los muertos.
Históricamente, las comunidades O’odham se desplazaban entre hogares estacionales para seguir el agua y cultivar campos alimentados por las lluvias del desierto. La movilidad era parte de la supervivencia, no una anomalía. Esa historia ayuda a explicar por qué un manantial, una ruta y un lugar de reunión no pueden tratarse como parcelas intercambiables.

Las cifras detrás del muro
José señala una cifra que complica la urgencia de la administración: las detenciones de migrantes en la zona, dijo a EFE, han caído un 95 por ciento en dos años. Tomado literalmente, eso deja cinco detenciones por cada 100 registradas anteriormente. Su objeción es construir otra barrera después de esa disminución.
Pero el porcentaje es el relato de José, no una serie estadística completa presentada en el reporte de EFE. Sin los totales subyacentes y los límites geográficos coincidentes, no se puede establecer la escala precisa de la actividad restante. Las detenciones son resultados de la vigilancia, no un censo de todos los que cruzan.
Tampoco una disminución en las detenciones de migrantes implica una caída equivalente en el tráfico de drogas. Tratar esas medidas como intercambiables debilitaría el argumento contra el muro. La pregunta más sólida es más específica: ¿qué protección adicional brindará esta barrera en particular más allá de los arreglos que ya operan aquí?
La CBP describe Tucson 5 como el cierre de un corredor de larga data para el contrabando de drogas y la migración no autorizada. Su comisionado, Rodney Scott, dice que el proyecto cerrará una peligrosa brecha de seguridad. José responde que la Nación ha permitido consistentemente el acceso de la Patrulla Fronteriza y ha cooperado con las operaciones federales.
El expediente judicial aporta un ejemplo concreto: en 2004, la Nación aprobó barreras para vehículos que detenían automóviles sin impedir el paso peatonal. Oponerse a un muro más alto no es lo mismo que oponerse a la vigilancia fronteriza. El desacuerdo es sobre el instrumento, sus consecuencias y quién decide. El mismo expediente describe dos bases operativas federales y 10 torres fijas de vigilancia autorizadas por la Nación. La elección no es entre un muro y un desierto intacto sin infraestructura de seguridad ya existente.
Esa distinción también importa económicamente. La longitud de un proyecto no dice nada por sí sola sobre el valor por el dinero invertido. Una evaluación defendible compararía el beneficio adicional de seguridad con alternativas, considerando el acceso comunitario interrumpido. Los lugares sagrados no pueden restaurarse simplemente reembolsando una factura de construcción.

Tierra sagrada, trámites federales
La disputa legal gira en parte sobre una franja de tierra de solo 60 pies de ancho, reservada para fines federales por Theodore Roosevelt en 1907. La Nación impugna la autoridad del gobierno para imponer el proyecto en tierras que considera propias. Un límite estrecho encierra un conflicto mucho más amplio.
La opinión escrita del tribunal especifica el revés de agosto: el juez Richard J. Leon negó una orden preliminar, considerando que la Nación tenía pocas probabilidades de prevalecer en sus reclamos. Eso fue una negativa a detener el proyecto en esta etapa, no un fallo final que resuelva todas las disputas. José dijo a EFE que la Nación ha apelado.
Leon también dijo que esperaba que los funcionarios federales cumplieran las garantías de consulta y cooperación. Esa expectativa deja una prueba práctica. Consultar debe significar más que anunciar dónde irá el equipo después de que ya se hayan tomado las decisiones importantes.
Quitobaquito ilustra lo que las líneas de propiedad no muestran. El manantial está fuera de la reserva, en tierras federales, pero sigue siendo sagrado para los O’odham. Su estanque también alberga vida silvestre amenazada, incluidas tortugas de Sonoyta y peces cachorritos de Quitobaquito. Su importancia cultural no desaparece porque otro gobierno tenga el título de propiedad.
La representante de Arizona, Adelita Grijalva, dijo a EFE que la disputa trata sobre derechos indígenas y lugares ancestrales, no simplemente sobre seguridad nacional. Ella y otros demócratas han instado a la CBP a detener la construcción.
Para José, la herida también es de reconocimiento. “Es como si nuestras creencias y nuestros ancestros no tuvieran valor”, dijo a EFE. Las fogatas nocturnas insisten en lo contrario, incluso mientras avanzan los preparativos para el muro. Las personas que observan no le piden a Washington que invente una patria. Le piden que reconozca una.
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