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La colombiana Shakira convierte la apertura del Mundial en una banda sonora latina

Shakira y Burna Boy estrenarán “Dai Dai” en el partido inaugural del Mundial en México, convirtiendo la ceremonia de la FIFA en una prueba del poder cultural de América Latina, su ambición comercial y su incómoda posición dentro de un torneo compartido con Estados Unidos y Canadá.

El himno antes del silbatazo

Antes de que México y Sudáfrica toquen el balón en el Estadio Azteca el 11 de junio, el primer rugido del Mundial 2026 será para una mujer colombiana y un hombre nigeriano. Shakira y Burna Boy están listos para interpretar “Dai Dai”, la canción oficial del torneo, en una ceremonia de apertura que la FIFA ha cargado con nombres hechos para viajar: Alejandro Fernández, Belinda, Danny Ocean, J Balvin, Lila Downs, Los Ángeles Azules, Maná y Tyla, entre otros.

Al principio, suena como un espectáculo. Lentejuelas, cámaras, coreografía, el Azteca vibrando antes del saque inicial. Pero la música del Mundial nunca es solo música. Es mercadotecnia con coro. Es diplomacia con bajo. Es un país anfitrión tratando de decirle al mundo quién es, y una federación intentando mostrar qué tipo de torneo ha vendido.

Para Shakira, este es un terreno familiar. Ya es parte de la memoria global del fútbol gracias a “Hips Don’t Lie” en 2006, “Waka Waka” en 2010 y “La La La” en 2014. La FIFA vuelve a ella no porque la nostalgia sea simpática, sino porque la nostalgia funciona. Cruza generaciones. Le da al torneo un atajo emocional, especialmente en América Latina, donde el fútbol y el pop llevan mucho tiempo compartiendo la misma sala llena de gente.

La presencia de la cantante colombiana también importa porque 2026 no es solo otro Mundial. Es el primer torneo ampliado a 48 equipos, repartido entre México, Estados Unidos y Canadá, con 104 partidos y una final programada para el 19 de julio en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. (People.com) La geografía por sí sola cuenta una historia de poder. Norteamérica se queda con la logística, los estadios y el dinero. México se queda con la memoria.

México se queda con el alma

El Azteca no es un escenario neutral. Es una catedral del fútbol latinoamericano, cargada de Pelé en 1970, Maradona en 1986 y mil historias familiares contadas desde sofás en Guadalajara, Barranquilla, Lima y San Pedro Sula. La FIFA ha dicho que el estadio se convertirá en el primero en albergar tres partidos inaugurales de la Copa del Mundo, un detalle que convierte el concreto y el césped en capital histórico.

Por eso la elección de Shakira resuena diferente en la región. No es simplemente una estrella pop global. Es exportada de Barranquilla, caderas caribeñas traducidas al inglés corporativo, una artista latinoamericana que aprendió a hablar MTV, Spotify, Super Bowl, y que aún suena a fiesta de barrio cuando lo necesita. Su carrera a menudo ha reflejado el propio pacto cultural de la región: entrar al mercado global, pero no llegar con las manos vacías.

El papel de Burna Boy afila el mensaje. Su presencia afrobeats conecta a América Latina con África a través del ritmo, la diáspora y la historia colonial, no a través del lenguaje plano de la diversidad que prefieren las corporaciones. “Dai Dai” se convierte en un pequeño mapa del mundo atlántico, donde tambores, puertos, migración y memoria siguen encontrándose. En un torneo compartido con Estados Unidos y Canadá, eso importa. América Latina no es solo el colorido acto de apertura antes de que los mercados más ricos tomen el control. Es el código fuente.

El elenco que los rodea profundiza esa afirmación. Lila Downs aporta memoria indígena y regional mexicana. Los Ángeles Azules llevan la cumbia y su vida obrera en la Ciudad de México. J Balvin representa el triunfo comercial del reguetón y la economía urbana exportadora de Colombia. Maná porta el viejo pasaporte continental del rock en español. Alejandro Fernández trae el linaje ranchero. Belinda y Danny Ocean apuntan a la expansión transnacional del pop. No es una sola América Latina. Son varias, a veces armoniosas, a veces en competencia, todas intentando hacerse oír antes de que empiece el partido.

Captura de video proporcionada por Shakira que muestra a la cantante colombiana en un fragmento del nuevo video de “Dai Dai”, que será la canción oficial de la Copa Mundial de la FIFA 2026. EFE/Shakira

Poder blando con precio

La FIFA dice que “Dai Dai” apoyará el Fondo de Educación Global Ciudadana de la FIFA, una iniciativa que busca recaudar 100 millones de dólares para el final del torneo y así ampliar el acceso al fútbol y a una educación de calidad para niños de todo el mundo. (Inside FIFA) Ese marco filantrópico es importante, pero también merece escrutinio.

América Latina conoce la gramática de las grandes promesas. Los megaeventos suelen hablar de niños, oportunidades y renovación urbana. Dejan aeropuertos mejorados, sí, pero también deudas, desplazamientos, más vigilancia, vendedores informales desplazados y barrios de estadios temporalmente presentables para la televisión. México, Brasil y otros anfitriones regionales ya han vivido esto antes. El brillo cultural es real. También lo es la factura.

La pregunta de fondo es quién se beneficia cuando la cultura latinoamericana se convierte en el motor emocional de un producto deportivo global. La voz de Shakira ayudará a vender el torneo a miles de millones. La historia mexicana lo santificará. Los ritmos colombianos y caribeños lo harán sentir íntimo. Pero la mayor infraestructura comercial está al norte, en los mercados mediáticos de EE.UU., los palcos corporativos y los ecosistemas de patrocinadores.

Esa tensión es la historia latinoamericana dentro de 2026. La región es indispensable para el mito del Mundial, pero no siempre es central en sus ganancias. Aporta canciones, íconos, trabajo, aficionados, migrantes, recuerdos y jugadores. Aporta la atmósfera que el dinero no puede fabricar desde cero. Luego observa cómo la maquinaria del deporte global convierte esa atmósfera en un activo.

Aun así, hay poder en ser imposible de ignorar. Cuando Shakira suba al escenario del Azteca, llevará más que un estribillo. Llevará el largo talento latinoamericano para hacer alegría bajo presión, para convertir la escasez en ritmo, para transformar el espacio público en coro incluso cuando la política decepciona. Eso no es un cliché. Es una tecnología de supervivencia.

Las nuevas ceremonias inmersivas previas al partido de la FIFA, con banderas gigantes y elementos a nivel de cancha pensados para sumergir a aficionados y jugadores en una escena compartida, sugieren que la federación entiende algo que la región siempre ha sabido: el fútbol empieza antes del silbatazo. Empieza en la caminata, el canto, la abuela planchando la camiseta, el vendedor afuera del estadio, el niño que no puede pagar un boleto pero igual se sabe todas las letras.

“Dai Dai” se estrenará como entretenimiento. Pero también servirá como recordatorio. América Latina quizá no controle el balance del torneo, pero todavía sabe cómo controlar el ambiente.

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