CIENCIA Y TECNOLOGÍA

Honduras utiliza láseres para revelar el pasado maya oculto de Copán antes de que desaparezca más historia

Un estudio con drones en Copán, Honduras, buscará estructuras mayas ocultas y evaluará los daños causados por la agricultura y la construcción. Detrás de la búsqueda surge una pregunta más difícil: ¿de quién es la historia que se preserva cuando una ciudad antigua comparte terreno con los medios de vida modernos?

El suelo bajo la postal

En el bosque que rodea Copán, una elevación poco llamativa puede pasar desapercibida fácilmente. El arqueólogo japonés Seiichi Nakamura dijo a EFE que los pequeños montículos y altares diminutos son especialmente difíciles de identificar bajo la vegetación. La ciudad monumental que reconocen los visitantes no es todo el paisaje arqueológico.

Ahora los investigadores se preparan para estudiar 25 kilómetros cuadrados, aproximadamente 9.7 millas cuadradas, para actualizar un inventario elaborado hace cerca de medio siglo. Aquellos arqueólogos anteriores recorrieron el valle, registrando los elementos uno por uno. Su paciente trabajo proporciona la referencia con la que se juzgarán las nuevas mediciones.

El instrumento no estará a bordo de un satélite, a pesar de la descripción de EFE. Nakamura describe un helicóptero no tripulado que lleva equipo LiDAR a altitudes de 80 a 100 metros (unos 262 a 328 pies). El proyecto combina el conocimiento arqueológico con la experiencia de una empresa japonesa en escaneo aéreo.

Como explica el Servicio Geológico de EE. UU., el LiDAR calcula distancias a partir de los pulsos láser que regresan. Procesar esas mediciones puede separar la vegetación del terreno. Eso ayuda a revelar las formas de la superficie ocultas por los árboles, no a ver a través de la tierra sólida. Un montículo prometedor sigue siendo una pregunta para los arqueólogos, no un templo identificado automáticamente.

Tampoco es este el primer estudio láser en Copán. Investigaciones publicadas en el Journal of Archaeological Science: Reports documentan un estudio aéreo realizado en 2013. Por lo tanto, la iniciativa actual debe entenderse como una documentación renovada, no como el descubrimiento repentino de una ciudad que generaciones de investigadores de alguna manera pasaron por alto.

Fotografía del arqueólogo japonés Seiichi Nakamura hablando durante una entrevista con EFE en el Sitio Arqueológico Maya de Copán Ruinas (Honduras). EFE/Germán Reyes

Un censo de lo que sobrevive

El inventario anterior registró 3,588 estructuras, dijo Nakamura a EFE. Distribuidas en el área propuesta para el estudio, eso corresponde a unas 144 estructuras registradas por kilómetro cuadrado. El promedio no describe su distribución real. Pero sí muestra por qué gestionar Copán requiere mirar más allá de sus monumentos más conocidos.

La comparación debe distinguir entre descubrimiento y supervivencia. Un inventario más grande podría ocultar pérdidas si los restos recién reconocidos superan en número a las estructuras destruidas desde el estudio anterior. Encontrar otro montículo ampliaría el conocimiento, pero no reemplazaría la evidencia que desapareció en otro lugar.

Los investigadores también deberán comprobar si un elemento aparentemente desaparecido fue destruido, quedó oculto o se registró de forma diferente. Solo entonces los cambios mapeados podrían respaldar un relato creíble de los daños. Una discrepancia entre dos estudios es el inicio de una investigación, no su veredicto.

Nakamura dijo a EFE que la destrucción accidental asociada a la agricultura y la infraestructura es uno de los problemas que el proyecto evaluará. Eso sitúa la arqueología dentro del valle en funcionamiento, donde el mismo terreno puede albergar restos antiguos y necesidades actuales. Tratar a los agricultores como enemigos sería perder de vista el desafío práctico.

Un mapa útil debería ayudar a identificar áreas sensibles antes de que se altere un campo o se elija una ruta de construcción. De lo contrario, la protección llega después de la decisión irreversible. El argumento más sólido para la conservación aquí no es que la vida moderna deba detenerse, sino que las decisiones deben tomarse con mejor información.

Las estructuras pequeñas invitan a preguntas diferentes. Un mapa dominado por monumentos espectaculares puede hacer que el poder real parezca ser toda la sociedad. Los restos menos visibles podrían ayudar a los investigadores a indagar en los espacios más allá de esos monumentos, acercando la investigación a las personas cuyas vidas dejaron menos huellas evidentes en el paisaje.

Nakamura también transmite la estimación de otros arqueólogos de que solo entre el 15 y el 20 por ciento de Copán ha sido investigado. Tomado literalmente, eso deja entre el 80 y el 85 por ciento. Pero la estimación no es un inventario medido de objetos enterrados, y un mapa aéreo completo no significaría una comprensión arqueológica completa.

Fotografía que muestra personas visitando el Sitio Arqueológico Maya de Copán Ruinas (Honduras). EFE/Germán Reyes

La tumba junto al camino

Un descubrimiento explica su cautela ante los terrenos aparentemente vacíos. Nakamura dijo a EFE que los daños a una carretera tras el paso del huracán Mitch por Honduras en 1998 llevaron a una investigación que inesperadamente descubrió una tumba importante. Contenía vasijas y un pectoral de jade que describió como sin precedentes en la arqueología maya.

Cree que los restos pertenecían a uno de los 16 gobernantes dinásticos de Copán, posiblemente el sexto o séptimo. Esa identificación sigue siendo una hipótesis. La distinción es importante: un entierro extraordinario puede documentarse con certeza mientras la identidad de su ocupante sigue sin resolverse.

El episodio también expone la incómoda relación entre daño y descubrimiento. Una carretera rota atrajo la atención sobre lo que había cerca. El nuevo estudio ofrece la oportunidad de dirigir la atención antes de que ocurra otra alteración. Su resultado más valioso podría ser una estructura que permanezca segura en su lugar, en vez de ser excavada de inmediato.

Nakamura llegó por primera vez a Honduras en 1983 a través de la Agencia de Cooperación Internacional de Japón. En 1999, el gobierno hondureño lo invitó a liderar el Programa de Conservación Integral para el Valle de Copán. También trabaja en el Centro de Capacitación y Conservación, según EFE. Su participación abarca más de cuatro décadas.

Esa continuidad importa más que la novedad de un dron. Honduras necesita personas capaces de interpretar los mapas resultantes y llevar sus hallazgos a las decisiones de conservación. La tecnología internacional es más útil cuando fortalece esas capacidades en lugar de dejar solo una imagen espectacular y otro inventario inconcluso.

Trabajar en Copán es “un gran honor”, dijo Nakamura a EFE, agradeciendo a Honduras y a su instituto de antropología e historia. Su entusiasmo es inconfundible. La promesa más difícil del estudio es hacer que esa admiración sea práctica: descubrir lo que sobrevive, entender lo que ha desaparecido y dejar a la próxima generación evidencia que aún pueda examinar por sí misma.

Lea También: Panamá convierte la crisis del sargazo caribeño en un arma inesperada contra la mortal amenaza de la malaria

Related Articles

Botón volver arriba
LatinAmerican Post