NEGOCIOS Y FINANZAS

Chile persigue fortunas cripto mientras el crimen organizado pone a prueba el poder del Estado

Chile está aprendiendo que el crimen organizado ya no se esconde solo detrás de armas, puertos y efectivo. Mientras la policía rastrea fortunas digitales a través de fronteras, el presidente José Antonio Kast busca poderes de emergencia, forzando un debate nacional sobre seguridad, tecnología y límites democráticos.

El allanamiento ahora comienza con un teléfono

En un allanamiento moderno, el objeto más pequeño puede contener la mayor fortuna. Los detectives aún buscan efectivo, armas y documentos, pero ahora sus manos se dirigen hacia un teléfono, una laptop o un dispositivo inteligente. Dentro puede estar el mapa que importa: cuentas, transferencias y un rastro digital que conecta la violencia callejera con dinero lejano.

Ese cambio en la búsqueda fue central en una reunión en Santiago de la Policía de Investigaciones de Chile, o PDI. Especialistas de Brasil, Estados Unidos, Australia, España, Estonia y Corea del Sur se reunieron con instituciones chilenas para comparar software forense y métodos para rastrear y confiscar criptoactivos antes de que las organizaciones criminales los trasladen fuera de su alcance.

El director general de la PDI, Eduardo Cerna, describió el objetivo no simplemente como una banda, sino como el organismo financiero que la mantiene viva. Los investigadores deben perseguir sus inversiones, riqueza y estructuras de protección, dijo en declaraciones recogidas por EFE. La frase era su “visión de negocio”. Un pistolero puede ser reemplazado. Un tesoro incautado es más difícil de reconstruir.

Esa distinción es importante en Chile, donde los criptoactivos han aparecido en investigaciones de crimen organizado desde al menos 2020, según Johnny Fica, jefe de la prefectura de crimen organizado de la PDI. En conversación con EFE, Fica señaló que los activos digitales se han convertido en una forma de mover recursos y dificultar la detección. Sin embargo, el lavado tradicional continúa, adaptado al territorio, tamaño y ambiciones de cada grupo.

El resultado es un submundo híbrido. El efectivo sigue cambiando de manos. Las empresas fachada siguen produciendo recibos respetables. Las cuentas convencionales, los intermediarios y la propiedad oculta siguen siendo útiles. La cripto añade velocidad, portabilidad y distancia. No reemplaza la vieja arquitectura del lavado. Le da a esa arquitectura otro corredor.

La geografía de Chile agudiza el problema. A diferencia de Bolivia o Perú, no es un país productor de drogas. Es un mercado consumidor y, a través de sus puertos, una plataforma de distribución hacia Asia, Europa y Estados Unidos. La misma infraestructura que transporta comercio legítimo puede ser explotada por redes que separan carga, finanzas y mando a través de jurisdicciones.

Foto tomada el 10 de abril de 2026, que muestra un cargamento de cocaína incautado por fuerzas de seguridad tras ingresar por la costa de Huelva, España. EFE/Alberto Díaz

El crimen aprende el modelo corporativo

El inspector jefe de la Policía Nacional de España, Marcos Alvar, le dio a la estructura emergente un nombre memorable en una entrevista con EFE: “multinacionales del crimen”. La frase es más que retórica. Las organizaciones criminales han pasado de jerarquías verticales a redes dispersas que subcontratan servicios especializados. Un grupo controla el territorio, otro el transporte, otro las transferencias digitales. Sus miembros pueden no conocerse nunca.

Ese sistema modular ayuda a explicar por qué las investigaciones sobre el Primeiro Comando da Capital y el Comando Vermelho de Brasil descubrieron operaciones relacionadas con cripto por un total de 1.100 millones de dólares. La cifra no debe interpretarse automáticamente como ganancia. Revela la escala del movimiento financiero asociado a organizaciones capaces de transferir valor mediante herramientas disponibles en cualquier lugar con conexión a internet.

El Tren de Aragua también ha utilizado criptoactivos para sacar millones de Chile, según los casos discutidos en el encuentro de Santiago. Investigadores en Chile, Colombia, España y México han identificado plataformas de criptomonedas en rutas vinculadas al narcotráfico, la explotación sexual y otros mercados ilegales. A nivel de calle, el daño sigue siendo físico. Más arriba, las ganancias se convierten en contraseñas y transferencias que superan las órdenes judiciales.

Aquí radica la verdadera importancia de la cumbre. El software no puede resolver un problema jurisdiccional. Alvar dijo a EFE que policías, fiscales y jueces deben trabajar juntos, especialmente cuando los fondos pasan por países que preservan el secreto bancario o funcionan como paraísos fiscales. Rastrear una billetera es solo un paso. Las autoridades deben identificar a su controlador, obtener autorización legal, coordinarse en el extranjero y evitar que los activos desaparezcan.

Estonia ofreció la perspectiva de un Estado digitalizado. Corea del Sur, España y Brasil aportaron experiencia enfrentando formas desarrolladas del fenómeno. Para Chile, la lección no es solo comprar mejores herramientas. Es construir instituciones capaces de usarlas rápido, legalmente y a través de fronteras. Las redes criminales prosperan cuando las agencias ven piezas desconectadas.

Foto de archivo de una persona usando una laptop. EFE/Sascha Steinbach

Un Estado más fuerte, una pregunta más difícil

La reunión de Santiago se desarrolló mientras el gobierno de Kast impulsaba una respuesta más amplia. A principios de la semana, envió al Senado una urgente reforma constitucional de seguridad que contiene ocho cambios bajo su Agenda Contra el Crimen Organizado y el Terrorismo. La propuesta crearía un nuevo estado de excepción para amenazas graves o inminentes a la seguridad pública.

El presidente podría imponerlo por hasta 120 días y renovarlo una vez por el mismo período antes de requerir una nueva aprobación del Congreso. Una zona afectada quedaría bajo un oficial general designado. Durante la emergencia, el Ejecutivo podría restringir la libertad personal, el movimiento, la reunión y la asociación, revisar comunicaciones y requisar bienes.

La reforma también permitiría registros de organizaciones criminales y penas permanentes para personas condenadas por crimen organizado o terrorismo. Podrían ser inhabilitadas de por vida para cargos públicos y excluidas durante 15 años de penas sustitutivas y beneficios carcelarios. Un presidente podría designar a un grupo como terrorista o criminal con un informe institucional de respaldo y la aprobación de dos tercios del Senado en sesión secreta.

Aquí Chile llega al difícil centro de su debate sobre seguridad. La investigación financiera exige precisión: un dispositivo, una cuenta, un titular, una orden, un socio en el extranjero. El poder de emergencia es expansivo. Gobierna territorios, movimiento, comunicación y vida pública. Ambos enfoques pueden compartir una agenda, pero no resuelven el mismo problema.

Chile ha renovado medidas de emergencia en partes de la Araucanía y el Biobío desde 2022. Extender la autoridad excepcional a la política contra el crimen organizado plantea así una pregunta de peso histórico. ¿Cómo puede el Estado ser lo suficientemente rápido para enfrentar redes transnacionales sin permitir que las restricciones extraordinarias se vuelvan ordinarias?

La respuesta no es elegir entre tecnología y fuerza. Chile necesita investigadores que puedan seguir el dinero más allá de una pantalla, fiscales que puedan actuar entre jurisdicciones, jueces que puedan autorizar y revisar medidas intrusivas, y legisladores que definan límites con claridad. El Estado más fuerte no es simplemente el que incauta teléfonos o despliega soldados. Es el que puede golpear la riqueza criminal sin renunciar a las reglas democráticas que separan la autoridad pública de las organizaciones que persigue.

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