ECONOMÍA

El enlace eléctrico entre Chile y Argentina se detiene por la rana Pehuenche en peligro de extinción

Una línea de transmisión de 36 millones de dólares prometía comercio regional de electricidad y mayor estabilidad en la red. Sin embargo, menos de 1,000 ranas Pehuenche convirtieron un proyecto de ingeniería en una prueba de si la integración energética sudamericana puede avanzar sin sacrificar a los habitantes más raros de los Andes.

Una rana entra a la red eléctrica

Durante cinco años, la interconexión Los Cóndores-Río Diamante avanzó en la evaluación ambiental de Chile. Recorrería 26,7 kilómetros en territorio chileno, instalaría 76 torres metálicas entre San Clemente y la frontera argentina, y transportaría electricidad a través de los Andes a 500 kilovoltios.

Entonces, un pequeño anfibio entró en el debate.

La rana Pehuenche, una especie de cuerpo robusto que solo se encuentra en humedales de alta montaña a lo largo de la frontera entre Chile y Argentina, vive aproximadamente entre los 2,000 y 2,500 metros sobre el nivel del mar. Las torres propuestas cruzarían terrenos que van desde los 1,450 hasta los 2,667 metros, ubicando la línea dentro del estrecho mundo ecológico de la rana.

Leonardo DiCaprio atrajo la atención internacional sobre esa superposición la semana pasada. El actor y defensor ambiental advirtió que quedan menos de 1,000 ranas Pehuenche y dijo que el proyecto amenazaba su único hábitat conocido. No exigió la cancelación. Los conservacionistas, dijo, querían que la ruta se trasladara a un lugar más seguro.

El lunes, la Comisión de Evaluación Ambiental del Maule rechazó el proyecto. La decisión citó preocupaciones sobre biodiversidad y turismo, deteniendo, al menos temporalmente, una iniciativa destinada a permitir importaciones y exportaciones de electricidad entre Chile y Argentina.

La ministra de Energía, Ximena Rincón, se mostró claramente frustrada. El proyecto había recibido informes favorables, dijo a los periodistas, y “la ranita Pehuenche” no había aparecido en los estudios ni en las discusiones. La intervención de DiCaprio, señaló, llegó como una carta de último minuto promovida por una organización, según EFE.

Su queja apunta a una falla institucional, aunque no necesariamente la que ella pretendía. Si una especie que sobrevive en tan bajo número podía vivir en el corredor sin volverse central en cinco años de evaluación, o los estudios pasaron por alto algo fundamental o la revisión no logró hacer creíble su evidencia.

Leonardo DiCaprio. EFE/Tolga Akmen

Los Andes necesitan energía y cautela

La preocupación de Rincón por la electricidad no es teatral. Maule enfrenta un problema de suministro de fondo y, según la ministra, ha experimentado racionamientos porque su sistema no puede sostenerse de manera confiable. Una conexión con Argentina podría mejorar la estabilidad cuando cambian la demanda, el clima y los patrones de generación.

La lógica de la integración es convincente. Chile produce abundante electricidad solar durante el día y necesita mejores formas de trasladar o vender el excedente de generación. Argentina posee grandes reservas de gas natural y centrales capaces de suministrar electricidad por la noche o durante escasez estacional. Una red transfronteriza confiable podría reducir el desperdicio y la dependencia del diésel caro.

También podría profundizar una relación moldeada por la geografía. Argentina busca acceso al Pacífico para el comercio y la exportación de energía. Chile quiere opciones seguras de combustible y electricidad más allá de su estrecho territorio. Los Andes dividen a los países, pero también hacen que la cooperación sea valiosa.

Sin embargo, la seguridad energética no puede construirse tratando las montañas como espacio entre subestaciones. Los humedales altoandinos son pequeños, fríos y fácilmente alterables. La huella de una torre puede parecer modesta, pero caminos, maquinaria, movimiento de suelos, cambios en el drenaje y el acceso para mantenimiento pueden modificar los sistemas de agua de los que dependen los anfibios.

La rana Pehuenche es especialmente vulnerable porque no tiene a dónde ir. Una especie extendida a veces puede sobrevivir a la pérdida de un hábitat. Una especie confinada a unos pocos arroyos y humedales no puede. Cuando quedan menos de 1,000, cada sitio de reproducción se convierte también en infraestructura, parte de un sistema vivo que no puede reconstruirse con acero.

Alto Maule es también mucho más que un corredor energético. Sus paisajes sostienen la identidad local, el turismo y negocios cuyo valor depende de que la región permanezca silvestre. La pérdida de biodiversidad, por lo tanto, conlleva un costo económico, incluso si no aparece en la factura de electricidad.

La ministra de Energía de Chile, Ximena Rincón. EFE/Luis Tejido

Un desvío podría salvar más que la vida silvestre

La disputa se ha presentado como un enfrentamiento entre una celebridad de Hollywood y una ministra chilena, o entre el sentimiento ambiental y el desarrollo. Eso evita la pregunta más difícil: ¿por qué el proyecto llegó a sus etapas finales sin resolver un conflicto visible en la propia ruta?

Chile y Argentina necesitan una integración energética más sólida. Maule necesita electricidad confiable. La rana Pehuenche necesita los pocos humedales que le quedan. Estas demandas no son excluyentes, a menos que las autoridades y los desarrolladores decidan que el trazado original es intocable.

Un desvío costaría dinero y tiempo. También lo hace el rechazo. También lo hacen los litigios, la desconfianza pública y el rediseño después de cinco años de revisión. Identificar los límites ecológicos desde el principio no es antidesarrollo. Es desarrollo más barato y democrático.

El episodio también revela un desequilibrio en la atención. Los conservacionistas locales pueden advertir sobre una especie durante años sin mover el debate nacional. Un actor famoso publica una vez y los ministros responden. El alcance de DiCaprio ayudó a la rana, pero la protección ambiental no debería requerir la amplificación de Hollywood.

Rincón dijo que a Chile le importan la conservación, el turismo, la certeza eléctrica y la estabilidad regional. El siguiente paso es demostrar que esos compromisos pueden coexistir. El gobierno, Enel, sus contrapartes argentinas, las comunidades locales y los grupos conservacionistas deberían tratar el rechazo no como la muerte de la integración, sino como una orden para diseñarla mejor.

La rana Pehuenche no se opone a la electricidad. No entiende de fronteras, celebridades ni calendarios regulatorios. Sobrevive en aguas frías bajo una ruta trazada por personas.

Por eso precisamente la responsabilidad recae en Chile y Argentina. Los países pueden mover una línea. La rana no puede mover su único hogar.

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