AMÉRICAS

Cuba cuenta más funerales que cunas mientras su futuro se reduce

Cuba registró el doble de muertes que nacimientos en 2025, mientras la migración vació sus ciudades y su fuerza laboral. Detrás de la aritmética nacional se esconde una contradicción más dura: menos bebés en general, pero tasas persistentemente altas de embarazos entre niñas que aún transitan su propia infancia.

Una nación que envejece más rápido de lo que puede adaptarse

La crisis demográfica de Cuba puede resumirse en una comparación brutal. La isla registró 136,214 muertes en 2025 y solo 68,064 nacimientos. Por cada cuna que se suma al conteo nacional, hubo aproximadamente dos funerales. Las muertes superaron a los nacimientos en 68,150 incluso antes de considerar la migración.

La población efectiva del país se situó en 9,434,593 al cierre del año, según el Centro de Estudios de Población y Desarrollo de la Oficina Nacional de Estadística e Información, en cifras reportadas por EFE y citadas por la publicación estatal Cubadebate. Más de uno de cada cuatro cubanos, el 26.7 por ciento, tiene ahora 60 años o más.

Esa proporción cambia casi todos los cálculos de política pública. Una población más envejecida necesita más atención médica, pensiones, transporte accesible y apoyo diario. Sin embargo, la población en edad laboral disponible para financiar y proveer esos servicios se está contrayendo rápidamente. En cinco años, cayó de 6,866,435 en 2021 a 5,606,541 en 2025. Eso es una pérdida de casi 1.26 millones de personas, o alrededor del 18 por ciento.

Las cifras de fertilidad ofrecen pocas perspectivas de reversión. La tasa global de fecundidad de Cuba se mantuvo en 1.29 hijos por mujer por segundo año consecutivo, su nivel más bajo desde 1958 y muy por debajo del 2.1 aproximadamente necesario para el reemplazo generacional. La tasa bruta de reproducción se situó en 0.62 hijas por mujer. Una generación de potenciales madres no está produciendo otra de igual tamaño.

Esto es más que una historia de familias más pequeñas. Baja fecundidad, mortalidad elevada y emigración masiva ocurren al mismo tiempo. Cada fuerza amplifica a las otras. Cuando los jóvenes adultos se van, Cuba pierde trabajadores ahora y potenciales padres después. Menos nacimientos reducen escuelas, barrios y economías locales mucho antes de que el daño completo aparezca en el conteo nacional.

La Habana se vacía mientras el campo se masculiniza

El mapa del declive es desigual, pero ninguna provincia escapa. La Habana registró la mayor disminución poblacional, con 43.9 por mil habitantes. También representó 78,537 de las más de 245,265 personas que salieron de Cuba durante el año, casi un tercio de la migración externa registrada.

El municipio Plaza de la Revolución de la capital es la jurisdicción más envejecida del país, con el 38.2 por ciento de sus residentes de 60 años o más. Un distrito asociado con la maquinaria e imagen del Estado cubano ahora también representa la carga demográfica que presiona la capacidad de ese Estado.

Guantánamo ofrece el contrapunto relativo, aunque no una escapatoria. Su declive fue el menor de Cuba, con 22.9 por mil, y tuvo la tasa de natalidad más alta, 9.1 por mil habitantes. Yateras, uno de sus municipios, fue el menos envejecido, con el 17.9 por ciento de residentes de 60 años o más. Incluso allí, la población estaba disminuyendo.

Cuba sigue siendo predominantemente urbana. De su población efectiva, 7,044,773 personas, o el 74.7 por ciento, viven en ciudades y asentamientos urbanos, mientras que 2,389,820 viven en áreas rurales. Pero el equilibrio de género cambia fuera de las ciudades. A nivel nacional, las mujeres superan a los hombres en 133,971, quedando 972 hombres por cada 1,000 mujeres. En la Cuba rural, el patrón se invierte, con 1,140 hombres por cada 1,000 mujeres.

Estas diferencias importan porque el declive demográfico se vive localmente. Una mujer mayor en La Habana, un hombre rural en una comunidad cada vez más masculina y una familia joven en Guantánamo no enfrentan las mismas presiones. Especialistas del centro de población de Cuba y del Fondo de Población de las Naciones Unidas han pedido políticas adaptadas a la población que realmente existe, con mayor descentralización territorial a medida que se profundizan las brechas provinciales.

El país debe planificar para la contracción en lugar de esperar la recuperación. Los incentivos a la maternidad por sí solos no pueden reemplazar a los emigrantes, restaurar una población en edad laboral disminuida ni cubrir las necesidades inmediatas de atención de los adultos mayores. La demografía se ha convertido en una restricción económica, un desafío de salud pública y una prueba de si las instituciones pueden ajustarse antes de que más hogares queden vacíos.

Foto de archivo de la bebé de una madre adolescente. EFE/Aldair Mejía

Cuando menos nacimientos aún ocultan el embarazo infantil

La contradicción más dolorosa aparece en las cifras de embarazo adolescente en Cuba. La isla tiene muy pocos nacimientos para reemplazar su población, pero demasiados embarazos ocurren entre niñas cuya edad convierte la maternidad en un signo de vulnerabilidad, no de renovación demográfica.

Entre las niñas de 10 a 14 años, la tasa de embarazo aumentó de 1.3 por cada 100 en 2021 a 1.4 por cada 100 en 2025, según un informe de la ONEI citado por EFE. Mayabeque registró la tasa provincial más alta con 2.2 por ciento, seguida de Guantánamo con 2 por ciento, Granma y Holguín con 1.9 por ciento, y Camagüey con 1.8 por ciento.

El indicador para adolescentes de 15 a 19 años disminuyó de 48.5 a 43.2 en el mismo periodo, pero esa mejora no borra la emergencia. Datos del Ministerio de Salud muestran que el 18 por ciento de los embarazos adolescentes involucran a niñas menores de 14 años. Aproximadamente entre el 18 y 19 por ciento de los nacimientos en Cuba provienen de madres de 15 a 19 años.

Los nacimientos de madres menores de 15 años también han aumentado: 381 en 2021, 397 en 2022 y 419 en 2023, un incremento de alrededor del 10 por ciento en dos años. El viceministro de Salud Pública, Reinol García Moreiro, calificó las cifras de preocupantes y, en declaraciones recogidas por EFE, identificó las uniones entre adultos y menores como una causa principal.

Ese punto cambia el enfoque. La crisis de fecundidad de Cuba no puede responderse tratando cada nacimiento como una ganancia estadística intercambiable. Los embarazos en niñas muy jóvenes pueden reflejar coerción, desigualdad de poder, interrupción educativa y fallas de protección. Pueden profundizar la pobreza y la dependencia en lugar de fortalecer el futuro del país.

“Este es un desafío que limita el pleno desarrollo de niñas y adolescentes y nos involucra a todos como sociedad”, señaló el informe oficial, citado por EFE. Instó a la protección y la educación para que cada embarazo sea deseado, cada nacimiento sea seguro y cada joven pueda alcanzar su pleno desarrollo.

Cuba enfrenta dos crisis dentro de las mismas cifras. Necesita condiciones en las que los adultos puedan imaginar criar hijos sin tener que abandonar la isla, e instituciones capaces de evitar que los niños sean empujados a la maternidad. Una crisis vacía el futuro. La otra lo roba demasiado pronto.

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