Fallos sobre feminicidio en México ponen a prueba tanto los principios conservadores como las promesas liberales
El asesinato de Paola Buenrostro será procesado como feminicidio agravado, no bajo la nueva ley que lleva su nombre. El fallo mexicano desafía a los conservadores a defender la igualdad de protección y a los liberales a demostrar que el reconocimiento significa más que leyes, disculpas y ceremonias públicas.
Una amiga espera reconocimiento
Para Kenya Cuevas, la distinción legal pertenecía a una amiga, no a un argumento abstracto sobre género. Paola Buenrostro fue asesinada en 2016. Casi diez años después, Cuevas salió de una audiencia en Ciudad de México con algo que nunca debió requerir tanta resistencia: el reconocimiento de que la muerte de su amiga podía ser procesada como violencia de género.
“Hoy es un día histórico para las mujeres trans en México”, dijo Cuevas tras la audiencia del 4 de septiembre, según EFE. Un juez había cambiado la acusación contra Arturo “N” de homicidio agravado a feminicidio agravado. Detenido el 31 de agosto bajo una orden de aprehensión emitida en 2016, permanece en prisión preventiva. Esto es un proceso penal, no una condena.
La distinción tiene peso filosófico. ¿Puede la ley reconocer la vulnerabilidad particular de una mujer transgénero sin abandonar los principios universales? ¿Puede corregir la exclusión sin inventar castigos retroactivos? El fallo ofrece una posible respuesta: la igualdad de protección y los límites al poder estatal no tienen por qué ser enemigos.
Los fiscales explicaron que el delito separado de transfeminicidio, introducido a través de la Ley Paola Buenrostro de 2024, no puede aplicarse a un asesinato cometido antes de que existiera ese delito. Sin embargo, el feminicidio había sido tipificado en la Ciudad de México desde 2011. El proceso avanza bajo esa categoría más antigua, no bajo la nueva ley que lleva su nombre.
Esto no es una resolución judicial de todos los debates sobre sexo o género. Es una decisión sobre el marco legal para investigar y juzgar un asesinato. La fiscalía aún debe probar la responsabilidad del acusado y los elementos del delito.

Lo que los conservadores deberían querer conservar
Una objeción conservadora de principios merece ser escuchada: el derecho penal debe ser predecible y los tribunales no deben forzar las leyes solo porque una causa despierte simpatía. El castigo retroactivo pondría en riesgo a todos, incluidas las minorías vulnerables ante un gobierno hostil. Respetar ese límite es una salvaguarda constitucional, no una excusa para la indiferencia. La presunción de inocencia del acusado también forma parte de ese compromiso. El reconocimiento de una víctima no autoriza atajos en contra de un acusado.
Pero conservar la legalidad es diferente a conservar las suposiciones con las que antes se aplicaba. Un compromiso conservador con el orden público debe incluir una investigación competente cuando la víctima es una trabajadora sexual trans. De lo contrario, “orden” significa protección confiable para quienes son socialmente familiares y protección incierta para los demás.
Esa distinción es concreta aquí. La Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México reconoció el caso de Buenrostro como su primer transfeminicidio documentado en 2019 e identificó fallas en el respeto a su identidad de género. La fiscalía ofreció una disculpa pública en 2021. Estos fueron reconocimientos institucionales de maltrato, no solo activistas en desacuerdo con un fallo.
Sin embargo, tras la audiencia inicial de septiembre, activistas señalaron que las autoridades nuevamente identificaron a Paola como hombre. Protestaron durante horas; los fiscales prometieron buscar la reclasificación mientras negaban transfobia institucional. Una disculpa seguida de señalamientos de conductas repetidas plantea una pregunta más práctica que ideológica: ¿qué cambió realmente dentro de la institución?
Los conservadores no tienen que abandonar su preocupación por la interpretación precisa de la ley para exigir una respuesta. Deben distinguir entre un desafío legítimo a la base legal de la acusación y un intento de hacer irrelevante la identidad de la víctima antes de examinar las pruebas. Lo primero pone a prueba el poder gubernamental. Lo segundo corre el riesgo de encubrir sus fallas.

Las promesas liberales necesitan instituciones que funcionen
La filosofía liberal enfrenta una prueba igualmente incómoda. La ciudadanía igualitaria no puede limitarse a un lenguaje respetuoso, pero el reconocimiento tampoco sustituye a una fiscalía que funcione. La Ciudad de México aprobó una ley con el nombre de Paola en 2024, mientras que la orden de aprehensión en su propio caso permaneció sin ejecutarse hasta 2026. El logro legislativo y la justicia avanzaron a ritmos distintos.
Los datos previos a esa reforma merecen una lectura cuidadosa. Letra S documentó 66 asesinatos de personas LGBT en 2023, incluyendo 43 mujeres trans, aproximadamente el 65 por ciento. Estas son cifras históricas, no un total de 2026. La documentación de la organización también advierte que los casos registrados no representan la totalidad de la violencia.
La concentración es llamativa, pero una proporción de muertes registradas no es en sí misma una tasa de homicidios comparativa sin datos poblacionales. Apoya la investigación focalizada, no la aritmética descuidada. Y cuando las autoridades no registran correctamente la identidad de género, los datos resultantes pueden ocultar el patrón que los responsables de políticas necesitan entender.
Aquí reside el argumento liberal más fuerte a favor de categorías específicas: la igualdad de protección a veces requiere identificar la razón particular por la que alguien fue atacado. Una investigación de homicidio ordinario también puede examinar el prejuicio, así que un delito separado no es la única vía hacia la justicia. Su valor práctico debe estar en una mejor investigación y rendición de cuentas. Reconocer la violencia por motivos de género debe iluminar pruebas legalmente relevantes, no dictar un veredicto predeterminado ni sugerir que la vida de algunas víctimas vale más que la de otras.
Pero los liberales deben resistirse a medir el progreso solo por el número de nuevos delitos. Una ley no puede entrevistar a un testigo, ejecutar una orden de aprehensión ni corregir un registro oficial. Esas tareas requieren instituciones capaces de hacer lo que los legisladores anuncian. El caso de Paola hace imposible celebrar esa brecha.
Ninguna tradición posee toda la respuesta. Los conservadores deben conservar los límites al poder arbitrario, no las exclusiones heredadas. Los liberales deben exigir igualdad ejecutable, no reconocimiento sin resultados. Cuevas ha pasado casi una década buscando justicia para una amiga. La medida de ambas filosofías es si otra amiga debe esperar tanto tiempo.
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