Periodista mexicano descubre que volver a casa requiere instrucciones y crea Retache para otros repatriados
Tras 30 años en Estados Unidos, Mariano Ávila regresó a México y descubrió que la ciudadanía no hacía sencilla la reintegración. Su plataforma, Retache, ahora ayuda a otros mexicanos repatriados a navegar trámites, reconstruir lazos e imaginar un futuro más allá de la frontera.
Hogar, sin boleto de regreso
Esta vez los trámites eran mexicanos. Tras tres décadas en Estados Unidos, Mariano Ávila hacía videos sobre cómo obtener la credencial de elector y registrarse ante el SAT. El país donde nació se había convertido en un lugar que necesitaba volver a aprender.
Ávila, de 48 años, regresó a la Ciudad de México en junio de 2025. Inicialmente, quería que sus hijos, nacidos y criados en Estados Unidos, vivieran un par de años en México. Luego el plan se transformó en otra cosa: una mudanza sin boleto de regreso, explicó en entrevista con EFE.
Para sus hijos, México era un lugar por conocer, no donde habían crecido. Esa diferencia atravesaba el plan familiar original: el padre regresaba, mientras sus hijos, nacidos y criados en otro país, comenzaban una experiencia propia. Un mismo hogar podía contener ambos tipos de llegada.
Vinculó su decisión a la ansiedad tras el regreso de Donald Trump a la presidencia. Aunque todos en su familia tenían ciudadanía estadounidense, temía arrestos o detenciones, especialmente para sus hijos. Ser mexicano y de piel morena, dijo, le había hecho sentir que no pertenecía.
“Todos somos ciudadanos”, dijo a EFE. Su salida fue voluntaria, no una deportación, pero el miedo influyó en la decisión. También reconoce que regresó en circunstancias más favorables que muchos otros. Un exembajador lo animó a ayudar a quienes tomaban el mismo camino con menos recursos, a veces esposados.
Esa distinción se volvió esencial para Retache. Ávila podía compartir lo que iba aprendiendo sin sugerir que una mudanza familiar planeada era equivalente a una expulsión forzada. Ambos caminos terminaban en México. La forma de llegada y los recursos disponibles después podían ser muy distintos.

Un millón de vistas, muchos regresos distintos
Retache comenzó con un video en octubre de 2025. En dos semanas, el proyecto había superado el millón de vistas y los 30,000 seguidores, contó Ávila a EFE. Sus primeros temas eran trámites administrativos comunes, ese tipo de preguntas prácticas que pueden hacer que el hogar se sienta inesperadamente ajeno.
Las cifras de audiencia sugieren un interés considerable, no un conteo de personas que lograron reestablecerse. Las vistas pueden repetirse y los seguidores no necesariamente son repatriados. Aun así, la rápida respuesta dio a un proyecto improvisado una audiencia para algo menos glamoroso que las historias de éxito migratorio: instrucciones para volver a empezar.
Trabajando con voluntarios, Ávila amplió el material a guías de retorno y relatos personales, que van desde experiencias difíciles hasta ajustes cotidianos. La combinación importa. Una guía puede explicar un trámite; la historia de otra persona puede hacer que la dificultad de necesitar esa explicación se sienta menos solitaria.
Cifras oficiales citadas por EFE registran 271,193 repatriaciones mexicanas del 20 de enero de 2025 al 14 de agosto de 2026. Los retornos voluntarios quedan excluidos. Así, la familia de Ávila ilustra una limitación de ese total: las personas pueden mudarse al sur sin aparecer en el conteo que describe los retornos forzados.
Un estudio aparte de la Organización Internacional para las Migraciones sobre mexicanos que regresaron entre 2023 y 2025 encontró que el 17 por ciento citó trabajo o miedo, mientras que el resto volvió por intervención de autoridades. Esos resultados corresponden a los participantes y el periodo de ese estudio. Aplicar sus proporciones al total de repatriaciones posteriores mezclaría poblaciones distintas.
Incluso dentro de la categoría llamada voluntaria, la palabra miedo complica el panorama. Elegir irse y sentirse seguro para quedarse no son lo mismo. Los relatos de Retache dan espacio a esas distinciones sin dar la misma explicación a cada regreso.

La distancia entre llegar y pertenecer
Las cifras de integración describen otra dificultad. El índice Semillas en Trayectoria ubica a los repatriados mexicanos en 0.59 en una escala de uno, frente a 0.55 para migrantes nacidos en otros países. Los repatriados están cerca del fondo pese a llegar a su país de ciudadanía, según los datos citados por EFE.
La brecha entre esos grupos es de solo 0.04 puntos del índice. Eso no significa que el 59 por ciento de los repatriados estén integrados, ni explica cada experiencia individual. Sí desafía la idea de que los nacionales que regresan pueden simplemente retomar su pertenencia donde la dejaron.
Ávila eligió un nombre que deja espacio para esa incertidumbre. Retache, explicó a EFE, puede sugerir que te mandan de regreso, que vuelves por decisión propia o que te levantas después de caer. El nombre convierte el regreso en un proceso, no en un veredicto sobre la persona.
“A veces regresamos con el sueño americano en las manos”, explicó a EFE. Para otros, dijo, ese sueño se volvió pesadilla. Su relato permite distintas experiencias, en vez de tratar cada regreso como prueba de fracaso personal. La persona que llega con ahorros y la que llega tras una expulsión pueden necesitar instrucciones similares sin haber vivido el mismo camino.
Para él, la siguiente tarea es encontrar un “sueño mexicano”. Describe la ambición a través de un restaurante: alguien que empieza lavando platos debería tener un camino para llegar a ser dueño del negocio. Es su imagen de movilidad económica, no una promesa de que cualquiera de los dos países la garantice automáticamente.
“Queremos participar plenamente”, dijo a EFE. No quiere que los repatriados queden al margen de una sociedad a la que han contribuido durante décadas. Retache comienza con documentos, pero su ambición va más allá de llenar el formulario correcto: es la oportunidad de construir algo después de que termina el viaje.
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