Inteligencia Artificial

Memes Electorales en Colombia Transforman Bromas de IA en Señales de Alerta Democrática

A medida que la campaña presidencial colombiana del 31 de mayo se desplaza hacia memes de inteligencia artificial, melodramas frutales, fantasías futbolísticas y videos de seguridad con superhéroes, los analistas advierten que el humor viral está reemplazando el debate, reduciendo la política a un teatro algorítmico en un momento en que la democracia necesita urgentemente profundidad.

La Campaña se Convierte en Pantalla

La campaña presidencial en Colombia ya no se desarrolla solo en plazas, debates televisados, entrevistas radiales o reuniones barriales. Ahora ocurre dentro del lenguaje rápido y escurridizo de las redes sociales, donde los candidatos se convierten en frutas, tigres, estrellas de fútbol, personajes de fantasía y avatares digitales diseñados para viajar más rápido que cualquier propuesta de política pública.

Según reportes y entrevistas citadas por EFE, la campaña para las elecciones del 31 de mayo se libra cada vez más a través de contenido generado por inteligencia artificial, con el humor y la parodia reemplazando los formatos tradicionales para comunicar ideas políticas y atraer votantes. Casi todos los candidatos han utilizado videos generados por IA, desde caricaturas insertadas en “frutinovelas” hasta recreaciones al estilo Harry Potter y montajes que muestran a los candidatos jugando fútbol con la selección colombiana durante la temporada del Mundial.

A simple vista, puede parecer inofensivo, incluso gracioso. La política siempre ha usado el teatro. América Latina lo sabe mejor que muchas regiones. Canciones de campaña, apodos, bailes, jingles radiales, murales, eslóganes, santos, villanos y animales han sido parte del lenguaje electoral desde hace tiempo. La diferencia ahora es la velocidad. La IA no solo decora la política. La multiplica, la segmenta y la envía a pequeñas cámaras emocionales donde los votantes pueden ver entretenimiento mucho antes que escrutinio.

El uso más agresivo de este formato ha venido del candidato ultraderechista Abelardo de la Espriella, conocido como “el Tigre”, cuya campaña y cuentas aliadas han difundido imágenes de él convertido en felino o rodeado de animales danzantes en mítines políticos. Un video ampliamente compartido lo sitúa en Jamundí, uno de los municipios más afectados por el conflicto en el suroccidente de Colombia, capturando a Néstor Gregorio Vera, alias Iván Mordisco, jefe del Estado Mayor Central, el mayor grupo disidente de las FARC.

Con música épica y frases como “Yo te protejo”, el montaje toma prestado el lenguaje digital de la propaganda de IA del presidente estadounidense Donald Trump y evoca la estética de seguridad del presidente salvadoreño Nayib Bukele. No es casualidad. En toda América, la imagen del hombre fuerte ha aprendido a hablar en memes. No argumenta. Rescata. No explica instituciones. Muestra a un salvador entrando en el caos.

Sergio Fajardo (DERECHA), Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo. EFE

El Algoritmo Ama al Hombre Fuerte

El peligro en Colombia no es que los votantes no puedan distinguir entre un tigre y un candidato. El peligro es que la estructura emocional de estos videos puede ser más poderosa que su ficción evidente. Un candidato que aparece como depredador heroico en un pueblo azotado por el conflicto no necesita ser creíble para funcionar. Solo debe hacer que la inseguridad parezca simple.

El conflicto armado en Colombia nunca ha sido simple. Jamundí, los grupos disidentes, el miedo rural, la extorsión, la ausencia estatal, las economías cocaleras, los fracasos de paz y las secuelas inconclusas del acuerdo con las FARC no pueden resolverse con fantasías cinematográficas de capturas. Sin embargo, la IA permite a las campañas comprimir la complejidad en una breve escena emocional: aparece el peligro, llega el candidato, regresa el orden. Al votante no se le invita a evaluar un plan de seguridad. Se le invita a sentirse protegido.

Por eso importa la advertencia del analista político Yann Basset, profesor de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad del Rosario. En diálogo con EFE, describió el fenómeno como evidencia de una profunda transformación en las campañas electorales, pero también un “empobrecimiento considerable” del debate político. Las campañas, dijo, se enfocan más en contenido segmentado para redes sociales y menos en espacios de confrontación entre candidatos. “La campaña es el momento de confrontarse, de intercambiar ideas, y eso no se está viendo”, señaló.

Este es el corazón del asunto. La democracia requiere fricción. Los candidatos deben ser puestos bajo presión. Sus cifras deben ser probadas. Sus contradicciones deben ser expuestas. Sus eslóganes deben chocar con oponentes, periodistas, ciudadanos y la realidad. El contenido de campaña hecho con IA hace lo contrario. Protege a los candidatos dentro de universos curados donde siempre lucen ingeniosos, heroicos, jóvenes, perseguidos o queridos.

Otros candidatos se han sumado a la misma lógica. Paloma Valencia, candidata del derechista Centro Democrático, aparece en un video jugando fútbol para la selección Colombia. Viste los colores del equipo y juega junto a su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo, contra un equipo liderado por Iván Cepeda, del izquierdista Pacto Histórico, la coalición del presidente Gustavo Petro.

El simbolismo es evidente. El fútbol es lo más parecido a un ritual secular nacional en Colombia. Vestir la camiseta es apropiarse del sentido de pertenencia. Durante la temporada del Mundial, esa imagen es aún más fuerte. Pero la sustitución es reveladora: una campaña ya no necesita explicar qué hará con los impuestos, las pensiones, la seguridad, la paz, la salud, la corrupción o el Estado rural. Puede patear un balón con los colores de la nación y esperar que el afecto haga el resto.

Paloma Valencia. EFE/ Ernesto Guzmán

Frutinovelas y Democracia Frágil

La tendencia más surrealista quizá sean las “frutinovelas”, videos inspirados en TikTok donde frutas animadas protagonizan melodramas narrados como telenovelas. Sergio Fajardo, del partido centrista Dignidad & Compromiso, publicó uno en el que se convierte en “Fajarduyá”, Abelardo de la Espriella en “Ajisardo” e Iván Cepeda en “Cepera”, todos envueltos en triángulos amorosos, traiciones y disputas por conquistar a “Manzalombia”.

Es gracioso, sí. Pero también es una imagen perfecta del riesgo de la campaña. Colombia, un país que aún lidia con desigualdad, violencia, desconfianza institucional, economías ilegales, presión migratoria, polarización regional y una paz frágil, se convierte en una manzana en un melodrama. El chiste funciona porque es absurdo. El problema es que la absurdidad puede ser ahora el principal lenguaje que reciben los votantes.

Incluso Cepeda, inicialmente más cauto con la IA, publicó esta semana un video donde una nevera dice estar feliz porque el aumento del salario mínimo del gobierno Petro la ha llenado de mercado. Ese clip muestra otra cara de la tendencia: la IA puede hacer que la política se sienta doméstica y emocional. Un debate salarial se convierte en una nevera parlante. La inflación, los mercados laborales, la deuda de los hogares, los precios de los alimentos y el trabajo informal desaparecen tras un electrodoméstico simpático.

Basset dijo a EFE que el uso de IA en la propaganda electoral es, hasta cierto punto, una evolución natural de herramientas digitales usadas desde hace tiempo en la política. Pero advirtió que se necesitan límites éticos claros, especialmente para videos falsos o manipulados. También sostuvo que el giro emocional en las campañas no comenzó con la IA, sino con las redes sociales, y que los candidatos corren el riesgo de construir campañas diseñadas solo para maximizar la viralidad y complacer al algoritmo.

Esa advertencia debería resonar más allá de Colombia. América Latina entra en una era electoral donde la inteligencia artificial puede intensificar viejas debilidades: culto al caudillo, desinformación, polarización, política-espectáculo y desconfianza en las instituciones. En países ya marcados por la desigualdad y la baja confianza en los partidos, la IA puede dar a las campañas magia barata y a los votantes confusión costosa.

Por eso, la elección del 31 de mayo en Colombia no trata solo de quién gana. Se trata de si el debate democrático puede sobrevivir a la conversión de la política en un estado de ánimo compartible. El apoyo viral puede crear una falsa sensación de fuerza popular, advirtió Basset, una que no siempre se traduce en votos reales. Pero el riesgo mayor es peor: que incluso cuando los votos sean reales, la deliberación detrás de ellos haya sido vaciada.

Un meme puede abrir la puerta a la política. No debería convertirse en toda la casa.

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