NEGOCIOS Y FINANZAS

Cuba vende prestigio de sus puros mientras la escasez vacía estantes y los trabajadores resisten

La industria del tabaco en Cuba aún proyecta lujo en el extranjero. Sin embargo, el reportaje de Al Jazeera muestra una verdad más dura en casa, donde la escasez de combustible, los apagones, las malas cosechas y la migración están reduciendo la producción, vaciando tiendas y dejando a los trabajadores atrapados entre el prestigio y la escasez diaria.

Lujo tras el vidrio vacío

A solo unos pasos del bullicio y el tráfico de La Habana Vieja, una tienda de puros se mantiene en una especie de silencio elegante. Esteban García, un seudónimo usado por temor a represalias, observa a través de una pesada puerta de vidrio los estantes de caoba que han quedado casi vacíos. Cuenta a Al Jazeera que la tienda no ha recibido un envío en un mes. Antes de la pandemia, los Habanos premium llegaban tres veces al mes. Después, eso pasó a ser una vez al mes. Ahora, incluso ese ritmo se está desmoronando. El vacío llama la atención no solo porque los puros cubanos tienen un gran misticismo internacional, sino porque la brecha entre la imagen del producto y la realidad de la gente rara vez ha sido tan amplia.

Esta es la contradicción central que Al Jazeera capta en la historia. El principal producto de exportación de Cuba sigue siendo el tabaco. En 2024, el gobierno reportó casi 827 millones de dólares en ingresos por su venta, una cifra récord. En todo el mundo, los Habanos siguen funcionando como símbolos de prestigio, exclusividad y gusto refinado. Sheldon Lloyd Smith, presidente de la Asociación de Puros de Canadá, dice que para muchas personas, el puro es casi sinónimo de Cuba. Esa reputación sigue siendo poderosa, y es parte de lo que ha permitido a la industria seguir vendiendo la escasez como estatus.

Pero dentro de Cuba, la escasez no es una estrategia de marca. Es la vida cotidiana.

La crisis que ahora presiona al sector del tabaco no es un solo problema. Son varios problemas superpuestos. La industria ya había sido golpeada por malas cosechas y huracanes. Luego llegó la última presión, un bloqueo de facto al petróleo mientras Estados Unidos buscaba asfixiar el suministro de combustible a la isla. Al Jazeera informa que Cuba normalmente importa casi el 60 por ciento de su crudo. Desde principios de año, ha entrado poco petróleo al país. Solo un buque ruso ha sido autorizado en los últimos meses, y los analistas estiman que su carga abastecería al país por aproximadamente una semana.

Ese tipo de fragilidad no se queda solo en el sector energético. Se filtra en todo. Los apagones diarios se han vuelto rutina, con tres colapsos totales de la red eléctrica este año. En Pinar del Río, la principal provincia productora de tabaco, el gobierno dice que alrededor de la mitad de los campos de tabaco dependen de riego electrificado. Si falla la electricidad, la cosecha sufre. Si escasea la gasolina, el transporte se ralentiza. Si las fábricas se apagan, también se ralentiza el torcido. El puro, un producto vendido durante mucho tiempo como la esencia del control y la artesanía, de repente parece vulnerable a cada grieta de la economía más amplia de la isla.

El bloqueo golpea la producción de puros en Cuba. EFE/Ernesto Mastrascusa

Una economía de prestigio que funciona con lo mínimo

Los puros cubanos siempre han vivido en la intersección entre la política y el deseo. Su prestigio se forjó no solo por la calidad y la tradición, sino también por la prohibición. Al ser ilegales en Estados Unidos bajo el embargo vigente, se convirtieron en objetos de distancia y escasez, deseados en parte porque estaban bloqueados. Los apuntes dejan claro que este aura se fortaleció luego con el control estatal de las marcas icónicas y el surgimiento de Cohiba, una etiqueta premium estrechamente asociada a Fidel Castro.

Esa historia ayuda a explicar por qué la industria sigue generando ingresos incluso cuando la producción se debilita. La leyenda del puro aún viaja. Pero las leyendas no riegan los campos, no llenan los camiones de combustible ni mantienen encendidas las luces de las fábricas.

El reportaje de Al Jazeera muestra el lado material de la crisis en términos contundentes. El huracán Ian dañó hasta el 90 por ciento de los secaderos de tabaco en Pinar del Río. Esa temporada tuvo la menor superficie sembrada desde que existen registros. El crecimiento se ha mantenido lento desde entonces. Apenas el mes pasado, el gobierno reconoció que no logró cumplir su meta para la temporada de siembra 2025-2026, un objetivo que ya había sido reducido por las fuertes lluvias. En 2024, Cuba exportó 50 millones de puros, apenas un poco más de la mitad de los 93,9 millones enviados al extranjero en 2018, según Tabacuba. Fuentes del sector citadas por Al Jazeera afirman que las exportaciones han caído aún más en los últimos meses.

Lo que sí ha subido es el precio.

Brooks Whittington, de Halfwheel, cuenta a Al Jazeera que empresas estatales como Habanos SA han buscado protegerse de la incertidumbre subiendo los precios. En España, un Cohiba Siglo VI ahora se vende por 105 euros, frente a los 37,80 euros de enero de 2022. Ese enorme aumento no es señal de abundancia. Es un mecanismo de compensación. Cuando la producción cae, los ingresos pueden protegerse subiendo los precios.

Hay una lógica fría en esa estrategia. Si la isla no puede vender los volúmenes de antes, puede intentar exprimir más valor de lo que queda. Pero también revela la forma moral del modelo actual. La industria defiende su prestigio exportador apoyándose aún más en la escasez, mientras los trabajadores dentro de Cuba viven el parálisis del transporte, el colapso de los servicios y los salarios estancados. Es una táctica de supervivencia, sí. Pero también es el retrato de una economía donde el valor simbólico sigue subiendo mientras la dificultad diaria sigue cayendo.

El bloqueo golpea la producción de puros en Cuba. EFE/Ernesto Mastrascusa

Las manos que tuercen y las vidas que no pueden costear

Esa presión descendente recae con mayor dureza sobre trabajadores como Elena Herrera, un seudónimo para proteger su empleo. Tiene 56 años y lleva 16 torciendo puros. Cuenta a Al Jazeera que su salario no ha aumentado desde la pandemia. Gana 6.000 pesos cubanos al mes, unos 12 dólares en el mercado informal de La Habana. Un Cohiba Siglo VI vendido en La Habana cuesta 116 dólares, casi 10 veces su salario mensual.

Esa cifra lo dice casi todo.

El producto que ayuda a crear pertenece a un mundo de lujo al que ella misma no puede acceder. Camina cuatro kilómetros a casa porque la escasez de combustible ha paralizado el transporte público. Dice que la situación es grave. Sin electricidad, sin gas, sin agua, sin comida. En esa frase, todo el romance del puro cubano se derrumba en el inventario crudo de un hogar sitiado.

Hay otra herida aquí, más silenciosa pero igual de dañina. La fuerza laboral se está reduciendo. Al Jazeera informa que Cuba ha experimentado uno de los descensos poblacionales más agudos de su historia reciente desde la pandemia, con hasta una cuarta parte de la población saliendo de la isla. Whittington vincula ese éxodo masivo a la escasez de mano de obra en la industria tabacalera. Lloyd Smith dice que algunas fábricas operan con solo una quinta parte de su plantilla. Herrera no se sorprende. Los jóvenes, dice, no tienen esperanza ni opciones.

Esa observación puede ser la más dura de la historia. Una industria puede sobrevivir al mal tiempo. A veces puede sobrevivir a la escasez de combustible. Incluso puede sobrevivir vendiendo menos a precios más altos por un tiempo. Lo que lucha por sobrevivir es el colapso de la fe entre quienes deberían heredarla. Si los jóvenes cubanos no ven futuro en quedarse, entonces las manos que construyeron la exportación más famosa de la isla se vuelven cada vez más viejas, cansadas e irremplazables.

Así que la pregunta que pesa sobre esta industria no es simplemente si Cuba puede seguir produciendo puros. Es si puede seguir produciéndolos de una manera que aún signifique algo más allá de los ingresos. Ahora mismo, el puro sigue siendo valioso porque es raro, legendario y deseado. Pero el reportaje de Al Jazeera sugiere que detrás de ese valor hay una verdad más dura. Cuba vende prestigio en el extranjero mientras pide a sus trabajadores que soporten el apagón, la caminata a casa, el salario estancado y el silencio de una tienda esperando un envío que tal vez no llegue. Herrera, mirando incluso al período especial de los años noventa, dice que esto es peor. Cuando un trabajador de la industria insignia de Cuba dice eso, el humo alrededor de la leyenda comienza a disiparse.

Lea También: Vuelven los empleos bananeros a Panamá, pero Bocas del Toro sigue temblando

Related Articles

Botón volver arriba
LatinAmerican Post