VIDA

Colombia cuenta las pérdidas del terremoto mientras los sobrevivientes enfrentan las réplicas en su salud mental

Más de un mes después del devastador terremoto en Colombia, los sobrevivientes buscan ayuda psicológica, a menudo por primera vez. Las redes de atención gratuita enfrentan insomnio, miedo persistente y un desafío de reconstrucción que no puede resolverse solo con concreto, compensaciones ni otro conteo oficial.

La emergencia que no duerme

A veces, la persona que hace la llamada no es quien necesita ayuda. Es un familiar, un amigo o un vecino que ha notado que alguien ya no duerme bien, permanece en estado de alerta constante o no logra recuperar una rutina normal, contaron psicólogos a EFE.

El terremoto del 10 de agosto, de magnitud 7,4, dejó 331 muertos y causó daños estimados en 9.500 millones de dólares. El reporte de EFE del 14 de septiembre situó la población afectada en cerca de 400.000 personas. Esas cifras describen la magnitud del desastre. Las llamadas describen lo que significa seguir viviendo dentro de sus consecuencias.

“Muchas personas solo quieren ser escuchadas”, dijo a EFE Nubia Villescas, decana de psicología de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz. La red gratuita de apoyo emocional de la universidad ha movilizado a más de 1.100 profesionales, egresados y practicantes. Alrededor de 1.400 personas de todas las edades han solicitado asistencia, muchas de ellas acercándose por primera vez a la atención psicológica.

En comparación con las aproximadamente 400.000 personas reportadas como afectadas, esas solicitudes representan cerca del 0,35%, o 3,5 por cada 1.000. Esa comparación establece una escala, no la prevalencia del malestar psicológico. Excluye a quienes usan otros servicios y no revela nada sobre quienes no han llamado. Las solicitudes tampoco son tratamientos completados ni recuperaciones documentadas.

Aun así, el logro es considerable: personas que nunca habían buscado este tipo de apoyo ahora lo están pidiendo. Pero cruzar ese umbral no debería requerir una catástrofe. Tampoco la pequeña proporción que llega a una red debe convertirse en excusa para asumir que los demás hogares están gestionando la situación.

La atención telefónica elimina la necesidad de acudir a una clínica, pero la disponibilidad no es lo mismo que el acceso. Alguien debe saber que el servicio existe, poder conectarse y sentirse listo para hablar. La familia que hace esa primera llamada es fundamental.

Foto de archivo que muestra a un grupo de víctimas recibiendo apoyo psicológico tras el terremoto ocurrido el 10 de agosto de 2026. EFE/Carlos Ortega

Una llamada no reemplaza un techo

Más de un mes después del terremoto, la gente sigue buscando ayuda, dijo a EFE el coordinador de brigadas Diego Sánchez. El trabajo ha cambiado desde el impacto inicial. La recuperación emocional no avanza al ritmo del calendario.

Villescas describe a sobrevivientes que primero tuvieron que averiguar si sus familiares estaban vivos, encontrar dónde dormir o conseguir comida. Algunos necesitan repetir su experiencia. Otros no están listos para hablar. En ese contexto, el silencio puede reflejar las exigencias de la supervivencia más que la ausencia de sufrimiento.

Aquí es donde las decisiones de reconstrucción en Colombia se vuelven inseparables del cuidado psicológico. Escuchar no puede sustituir un refugio. Solo el refugio no puede resolver el miedo que describen quienes llaman. Tratar ambos como prioridades en competencia sería no entender las necesidades de las mismas familias.

La respuesta también complica cualquier imagen de la ayuda ante desastres fluyendo solo desde el extranjero. Una universidad colombiana, fundaciones, entidades públicas y relaciones locales están ayudando a conectar a los sobrevivientes con apoyo. Cuando un vecino llama por otra persona, ese lazo barrial se convierte en una puerta de entrada al cuidado profesional.

Sánchez dijo a EFE que cada miembro de la brigada ha atendido a cuatro o cinco pacientes desde que comenzó la emergencia. Esa carga de casos no puede multiplicarse simplemente por los 1.100 integrantes: el reporte no establece cuántos voluntarios atendieron casos ni si los pacientes se superpusieron. Movilización y atención brindada son medidas diferentes.

El proyecto también apoya a sus propios respondientes. “El psicólogo sigue siendo una persona”, dijo Sánchez a EFE. La formación no hace indoloro escuchar testimonios dolorosos. Proteger a los cuidadores debe formar parte de la respuesta, no ser una tarea postergada hasta que los demás se hayan recuperado.

La estimación de daños de 9.500 millones de dólares no es un presupuesto para salud mental. La lista de voluntarios no es una fuerza laboral permanente. Ninguno responde la pregunta que ahora enfrentan las autoridades de reconstrucción: ¿quién financiará la atención continua cuando la primera oleada de solidaridad empiece a desvanecerse?

Fotografía de la psicóloga Alejandra Sastoque durante una jornada laboral en la Fundación Universitaria Konrad Lorenz en Bogotá, Colombia. EFE/Mauricio Dueñas Castañeda

Aprender a dormir en tierra incierta

Para los sobrevivientes, el miedo tiene una complicación inquietante: la tierra ha seguido moviéndose. EFE informó que el Servicio Geológico Colombiano había identificado 297 réplicas del sismo principal y otros 1.232 eventos asociados a un enjambre sísmico más superficial.

En conjunto, esas cifras suman 1.529 eventos registrados, pero no son 1.529 réplicas. Tampoco los totales establecen cuántas personas los sintieron. La precisión importa aquí. La información destinada a explicar la actividad continua no debe, por accidente, magnificar el terror al presentar cada lectura instrumental como otro golpe vivido.

Ayuda en Acción, la organización española que opera en Colombia, abrió una línea de escucha y orientación tras detectar malestar emocional durante la emergencia. Su psicólogo Luis Miguel Pérez dijo a EFE que la ansiedad y el miedo a otro terremoto estaban interfiriendo en la vida diaria de los sobrevivientes.

Su trabajo incluye a niños, entre las decenas de miles de menores afectados. Los psicólogos usan el juego para ayudarles a reconocer sus emociones y fortalecer sus redes de apoyo. Ese enfoque da espacio a los niños cuya experiencia no puede organizarse en un relato adulto de lo sucedido.

Los equipos de apoyo también han promovido el autocuidado, vínculos personales más fuertes y atención a la exposición en redes sociales. El objetivo no es pedir a los sobrevivientes que olviden un peligro que ya vivieron. Es ayudarlos a recuperar suficiente espacio en la vida diaria para algo más que anticiparlo.

La reconstrucción en Colombia, por tanto, necesita una medida de éxito más prolongada que solo la respuesta de emergencia. El apoyo gratuito debe seguir siendo accesible cuando un sobreviviente finalmente tenga comida, una cama y el espacio suficiente para hablar. Una casa reparada puede ser inspeccionada. Saber si la persona que está dentro puede dormir requiere otro tipo de atención.

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