ANÁLISIS

El norte de Colombia enfrenta buses incendiados y un pasado paramilitar que nunca terminó

Buses quemados y comercios amenazados en el norte de Colombia exponen el alcance persistente de una red paramilitar descendiente de los guardianes de la marihuana. Mientras los soldados se despliegan en Santa Marta, su historia muestra cómo las rutas de tráfico y los lazos familiares sobrevivieron a la desmovilización y a repetidas ofensivas.

El costo de mantenerse abierto

Para los comerciantes de Santa Marta, el último enfrentamiento llegó con una instrucción: cerrar. Hombres armados incendiaron buses y camiones, dispararon armas y amenazaron a los negocios después de que las fuerzas de seguridad mataran a José Luis Pérez Villanueva, conocido como Cholo, el 21 de septiembre. Las autoridades lo identificaron como el segundo al mando de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, o ACSN. El grupo declaró un paro armado de 48 horas. El reporte de EFE describe una interrupción forzada de la vida cotidiana, no un paro apoyado por las personas cuyos medios de vida quedaron suspendidos. Un negocio cerrado puede demostrar la credibilidad de una amenaza sin demostrar lealtad alguna hacia quienes la emiten.

Cholo fue el segundo alto mando asesinado en 17 días. El 4 de septiembre, la policía mató a Naín Andrés Pérez Toncel, conocido como Bendito Menor, en Riohacha. Las autoridades acusaron a ambos de supervisar actividades de tráfico, y a Cholo, presuntamente, de coordinar rutas hacia Centroamérica. Dos bajas en la dirigencia en menos de tres semanas no evitaron represalias contra civiles. Esa distinción importa: el daño a una estructura de mando y la capacidad de intimidar a un barrio miden la fuerza de una organización armada de maneras distintas.

Para un operador de transporte, las pérdidas también corren en relojes diferentes. Dos días sin pasajes pueden significar ingresos que nunca se recuperan. Un bus quemado sigue siendo inutilizable después de que termine el paro. El reporte no ofrece un total confiable de esos daños, pero reemplazar un vehículo no es el mismo problema que reabrir una carretera.

Fotografía que muestra negocios cerrados tras la violencia desatada por el grupo paramilitar Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), en Santa Marta, Colombia. EFE/ Jhan Carlos Araujo P

La red sobrevivió al jefe

La ACSN, también conocida como Los Pachenca, surgió tras la desmovilización de fuerzas paramilitares bajo Hernán Giraldo Serna en 2006. Sin embargo, sus orígenes se remontan aún más atrás. Según la organización de investigación InSight Crime, la red anterior protegía a comerciantes y cultivadores de marihuana en la Sierra Nevada. A medida que las guerrillas de las FARC se expandieron, Giraldo amplió su organización. Finalmente se unió a las Autodefensas Unidas de Colombia, las AUC. Distinguir a ese predecesor de la actual ACSN es importante: el grupo actual no comenzó a custodiar cultivos de marihuana solo después de 2006. Heredó relaciones construidas mucho antes de la desmovilización.

Los familiares de Giraldo ayudaron a preservar los corredores de tráfico y las redes de extorsión en Magdalena y La Guajira. Para los habitantes, esa continuidad significó que la desaparición de una formación paramilitar no necesariamente eliminó a quienes sabían dónde cobrar dinero o a quién amenazar.

Ambos negocios llegan a bolsillos distintos. El narcotráfico obtiene dinero moviendo un producto ilegal; la extorsión lo extrae de personas que manejan negocios legales. Esa combinación ayuda a explicar por qué un conflicto por el mando y las rutas de contrabando puede llegar hasta el mostrador de una tienda. El comerciante no necesita tener ninguna relación con las drogas para convertirse en parte de los ingresos del grupo.

La competencia también cambió de forma. En 2012, la red se enfrentó al Clan del Golfo por el territorio del tráfico. Bajo el mando de Jesús María Aguirre Gallego, conocido como Chucho Mercancía, los rivales posteriormente se convirtieron en socios para sacar droga del norte de Colombia. Él fue asesinado en 2019; la red sobrevivió y su relación con el Clan volvió a ser hostil. Esas alianzas cambiantes sugieren que el control de las rutas puede pesar más que enemistades anteriores. También explican por qué eliminar a un comandante no basta, por sí solo, para demostrar que las relaciones comerciales que sostienen a una organización han desaparecido.

Giraldo fue extraditado a Estados Unidos en 2008 y sentenciado en 2017 a 198 meses, o 16 años y medio, por conspiración para traficar cocaína. Regresó a Colombia en enero de 2021 y permanece en prisión. Su ausencia no eliminó la red que dejó en la costa Caribe.

En julio, la fiscalía colombiana anunció una condena adicional de casi 21 años por abusar sexualmente de tres niñas, de 11 y 12 años, incluso mientras estaba encarcelado. EFE informó que las obligó a vivir en sus propiedades y a visitarlo en prisión. Las experiencias de las víctimas muestran que su poder iba más allá de las drogas y los rivales armados.

Miembros de la Policía Nacional de Colombia patrullan las calles tras la violencia desatada por el grupo paramilitar ACSN en Santa Marta, Colombia. EFE/ Jhan Carlos Araujo P

Llegan las tropas, persisten las dudas

El presidente Abelardo de la Espriella ha hecho muy visible la respuesta. Tras la operación del 4 de septiembre, presentó el cuerpo de Bendito Menor, envuelto en una lona blanca, ante los periodistas. Luego de los ataques en Santa Marta, viajó a la ciudad y ordenó el refuerzo militar. En declaraciones recogidas por EFE, advirtió a los criminales que se nieguen a rendirse que terminarán “en una bolsa y muertos”. El gobierno dice que su ofensiva apunta a la dirigencia de la organización y busca restablecer la seguridad para los habitantes.

El despliegue anunciado incluye más de 500 soldados y 600 policías en Santa Marta y la vecina Ciénaga, sumando más de 1,100 efectivos. Esas cifras describen la magnitud de la respuesta, no cuánto tiempo durará la protección ni cuánto de la estructura criminal ha sido desmantelada. Para el miércoles, el presidente dijo que las fuerzas de seguridad controlaban Santa Marta, Ciénaga y la Troncal del Caribe, la carretera que conecta la costa norte.

De la Espriella también anunció el traslado de aproximadamente 76 presos que el gobierno vincula a la ACSN, diciendo que la medida evitaría que se impartan órdenes desde la cárcel. Se trata de presos ya existentes, no de 76 nuevas capturas. La medida responde a una preocupación distinta a los patrullajes en las calles: el mando que continúa tras las rejas.

Veinte años después de la desmovilización, Santa Marta enfrenta esa diferencia entre eliminar a los líderes armados y acabar con el alcance de sus redes. Para un comerciante, la medida útil es más sencilla: abrir mañana porque llegan los clientes, no seguir cerrado porque así lo ordenó un hombre armado.

Lea También: México envejece: más viviendas, pero menos personas bajo cada techo

Related Articles

Botón volver arriba
LatinAmerican Post