Colombia necesita más que milagros mientras la recuperación tras el terremoto pone a prueba a su nuevo presidente
Un mes después del devastador terremoto en Colombia, los sobrevivientes enfrentan hogares destruidos, interrupción escolar y fondos de reconstrucción inciertos. El presidente Abelardo de la Espriella promete transformación, pero el desastre está dejando al descubierto fracturas antiguas en un país donde la geografía y la desigualdad determinan quién se recupera.
La tierra tiembla, la desigualdad permanece
Claudia Galeano perdió su casa en Pereira. Su padre, Arnulfo, fue rescatado con vida de los escombros, pero luego murió en el hospital. Hablando con Reuters después del terremoto, ella estaba de luto mientras pensaba en otros que quedaron con aún menos.
El terremoto más letal de Colombia en este siglo ocurrió a las 7:34 a.m. del 10 de agosto, tres días después de que el presidente Abelardo de la Espriella asumiera el cargo. La ruptura de magnitud 7,4 se originó a 103 kilómetros de profundidad, bajo San José del Palmar en Chocó, en la frontera con los departamentos más afectados de Risaralda y Valle del Cauca.
La profundidad importa. El Servicio Geológico de Estados Unidos explica que los temblores se debilitan con la distancia desde el epicentro. Pero un terremoto profundo no es inofensivo, y su magnitud por sí sola no puede decirle a una familia si el edificio que aún los rodea es seguro.
Las cifras de la agencia de desastres UNGRD, publicadas por EFE el 9 de septiembre, reportaron 331 muertos, 4.505 heridos y 111 desaparecidos, con 466.709 personas afectadas en 498 municipios de 16 departamentos. El Servicio Geológico Colombiano contabilizó 297 réplicas, la mayor de magnitud 4,8.
El inventario de viviendas registró 36.326 casas destruidas y 202.002 dañadas, aproximadamente 5,6 propiedades dañadas por cada vivienda destruida. Esa distinción debe guiar la recuperación: reconstruir desde cero no es la única tarea. Las inspecciones y reparaciones adecuadas podrían determinar si las familias recuperan un techo o permanecen desplazadas.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) identificó 27 municipios donde la exposición al terremoto coincidió con una vulnerabilidad existente alta o muy alta. Ese hallazgo sugiere que la ayuda no debe distribuirse solo según el valor de los edificios perdidos: una comunidad más pobre puede perder menos pesos y aun así enfrentar una recuperación más difícil.
El terremoto del 25 de enero de 1999 en Armenia sigue siendo la comparación dolorosa: 1.185 muertes, más de 8.536 heridos y 35.972 viviendas destruidas o inhabitables. El daño a 6.408 fincas cafeteras también es una advertencia. Reconstruir viviendas sin restaurar los medios de vida deja la recuperación incompleta.

Un milagro necesita presupuesto
Tras declarar la emergencia económica, social y ecológica, el gobierno estimó los costos preliminares de reconstrucción en 30 billones de pesos, aproximadamente 9.500 millones de dólares. El empresario Jaime Uribe lidera el Fondo Milagro, inspirado en Forec, el fondo de reconstrucción creado tras el terremoto de Armenia.
El precedente es menos una historia de filantropía que de financiamiento público. El País informa que Forec recibió el 61 por ciento de sus recursos del presupuesto nacional, el 38 por ciento de préstamos externos y solo el 1 por ciento de donaciones y cooperación internacional. Los patrocinadores adinerados pueden ayudar; no pueden reemplazar a un Estado financiado.
Una evaluación del PNUD y la UNGRD del 28 de agosto estimó los daños estructurales directos en 42,1 billones de pesos. La vivienda representó 37,4 billones, casi el 89 por ciento. Las valoraciones de daños y los presupuestos de reconstrucción miden cosas distintas, por lo que comparar los 42,1 billones con los 30 billones del gobierno no establece necesariamente un déficit de financiamiento. Pero sí exige una contabilidad más clara de lo que incluye la reconstrucción.
EFE informó el 10 de septiembre que un nuevo paquete de decretos incluyó la creación del Fondo Patria Milagro y el acceso excepcional a recursos territoriales de pensiones. El financiamiento de emergencia debe venir acompañado de asignaciones y registros de gasto publicados, no solo de promesas de que el dinero llegará.
En Chocó, el “Plan Marshall” propuesto por De la Espriella apunta más allá de reemplazar lo que se perdió. En una reunión en Quibdó con grandes empresarios, promovió la inversión privada, mejor infraestructura vial y portuaria para conectar las comunidades aisladas de la región, incentivos fiscales y turismo sostenible como vía de escape al subdesarrollo crónico.
El planteamiento es comprensible. Mejores conexiones podrían ayudar a los productores locales a llegar a compradores y reducir el aislamiento que complica la respuesta ante emergencias. Pero las carreteras y puertos deben servir a los residentes, no solo facilitar el paso de inversiones por su territorio. Las concesiones fiscales deben ir acompañadas de obligaciones medibles para el empleo local y beneficios públicos duraderos.
La reconstrucción también conlleva una carga logística poco glamorosa. El PNUD estimó 16,9 millones de metros cúbicos de escombros, equivalentes a unos 2,4 millones de viajes de camiones de siete metros cúbicos. La remoción y disposición segura son requisitos previos para reabrir calles y reconstruir barrios. Una cumbre de donantes no puede sustituir ese trabajo.

Las aulas no pueden esperar a la conectividad
Las 4.313 escuelas dañadas reportadas exigen urgencia, pero la afirmación de que un tercio de las escuelas de Colombia sufrió daños necesita aclaración. Utiliza un denominador de 13.700; la encuesta educativa 2024 del DANE cubrió 52.004 sedes. Las instituciones y los sitios individuales no pueden tratarse de la misma manera al asignar fondos de reconstrucción.
La alternativa digital tiene sus propios cimientos ausentes. Entre los planteles rurales que reportaron algún equipo o servicio tecnológico, solo el 57,2 por ciento tenía internet en 2024, frente al 95 por ciento en áreas urbanas. Esas cifras no miden la conexión en los hogares, pero evidencian las limitaciones de asumir que la educación puede trasladarse simplemente en línea.
Las aulas temporales y los materiales de aprendizaje accesibles deben, por tanto, considerarse infraestructura de recuperación, no extras opcionales.
El juicio político también ha fallado. De la Espriella fue criticado por repartir balones de fútbol con marca política en Buenaventura. El ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, enfrentó críticas por una visita a una boda en la playa en Santa Marta; él defendió haber pasado poco tiempo con su familia.
El rechazo a los rescatistas mexicanos planteó una cuestión más relevante. El gobierno citó estándares internacionales al limitar los equipos aceptados a cuatro países aliados. Esos estándares deben ser transparentes y aplicarse de manera consistente, con la necesidad operativa, no la afinidad política, determinando la admisión.
Para familias como la de Galeano, la reconstrucción será real cuando un hogar seguro y un día escolar común reemplacen la incertidumbre. Esa es una prueba más exigente que anunciar un milagro.
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