ANÁLISIS

El primer mes de De la Espriella en Colombia pone a prueba la fortaleza ante la crisis y la guerra

A un mes de asumir el cargo, Abelardo de la Espriella ha combinado la atención a damnificados por el terremoto con ofensivas militares y enfrentamientos con jueces. Detrás de la imagen de fuerza se esconde una prueba más difícil: reconstruir comunidades devastadas sin tratar la protección civil como un obstáculo para la fortaleza.

Una presidencia bajo los escombros

En Buenaventura, los sobrevivientes del terremoto recibieron una atención presidencial inesperada: balones con propaganda del partido, lanzados hacia la multitud. Como informó EFE, el gesto generó críticas en medio de una emergencia que también evidenció la capacidad de Abelardo de la Espriella para movilizar ayuda. Tenía las mangas remangadas. El límite entre el servicio público y la promoción política se volvió menos claro.

Su primer mes, que concluyó el 7 de septiembre, dejó poco espacio para un inicio gradual. El terremoto de magnitud 7,4 del 10 de agosto ocurrió tres días después de su investidura, dejando al menos 331 muertos y 4.519 heridos, según cifras oficiales citadas por EFE. Antes de que el autodenominado “tigre” pudiera establecer su ritmo de gobierno, las familias necesitaban ser rescatadas.

Viajó a las zonas devastadas, trabajó con líderes locales y buscó apoyo empresarial e internacional. Washington comprometió 26,5 millones de dólares. Sin embargo, EFE también reportó críticas por la influencia de preferencias ideológicas en la aceptación de ayuda, incluyendo la exclusión de un experimentado equipo de rescate mexicano. La atención a la emergencia se convirtió en otro terreno de alineamiento político.

Ahora viene el trabajo menos fotogénico. Los registros oficiales contabilizan 36.336 viviendas destruidas y 201.010 dañadas: en total, 237.346 unidades habitacionales, de las cuales el 15,3 por ciento fueron destruidas por completo. Dañada no significa automáticamente habitable. Esta categoría mayor requiere evaluaciones y reparaciones cuya complejidad no puede leerse en un anuncio presidencial.

Los daños en 4.292 instalaciones educativas y 400 centros de salud hacen que la reconstrucción sea mucho más que un programa de vivienda. Una casa reparada ofrece una recuperación limitada si los niños no pueden volver a clases o un familiar herido no puede recibir atención. En regiones ya afectadas por el subdesarrollo crónico, la reconstrucción debe restaurar servicios conectados, no producir inauguraciones aisladas.

Fotografía cedida por la Presidencia de Colombia que muestra al presidente Abelardo de la Espriella (centro) junto al alcalde de Cali, Alejandro Eder (segundo desde la derecha), durante su visita este sábado a un grupo de damnificados por el terremoto en el barrio Cuarto de Legua de Cali, Colombia. EFE/Presidencia de Colombia

Las cifras detrás del puño de hierro

A medida que la emergencia inicial cedió, las operaciones militares pasaron al centro de la comunicación presidencial. De la Espriella prometió “mano de hierro”, según EFE, mientras destacaba nueve capturas vinculadas a organizaciones armadas y casi 40 muertes entre presuntos integrantes. Su gobierno prepara una lista de designación terrorista destinada a acelerar la acción contra estos grupos.

El 6 de septiembre, reportó incautaciones de 49.379 kilogramos de drogas y 1.485 armas de fuego, junto con la erradicación de 1.321 hectáreas de coca. Esas cifras miden la actividad operativa reportada. Sin cifras previas comparables, estimaciones de la producción total o evidencia de una reducción de la coerción en las comunidades afectadas, sin embargo, no pueden establecer cuán segura se ha vuelto Colombia.

La presidencia distribuyó dos videos mostrando a De la Espriella entre cuerpos embolsados, según EFE. Esa elección hizo de la muerte parte de la presentación gubernamental de la eficacia. Una medida diferente es más difícil de incorporar a ese mensaje: autoridades forenses afirman que al menos seis menores han muerto en bombardeos militares desde que asumió el cargo.

Una orden judicial provisional restringió los ataques aéreos donde la información indica que puede haber menores reclutados. No es una prohibición permanente de todos los bombardeos ni un fallo definitivo contra toda la campaña. El gobierno anunció una apelación, calificando la decisión de “absurda e inconstitucional”, según EFE.

La distinción merece más seriedad de la que sugiere esa respuesta. Los grupos armados son responsables de reclutar niños; su conducta no exime al Estado de la obligación de considerar la protección civil y las precauciones. La eficacia militar debe incluir cómo se usa la fuerza, no solo cuántos oponentes desaparecen del mapa operativo.

El simbolismo religioso ha producido otro enfrentamiento. El gobierno apeló una orden separada que exigía una disculpa por el uso de “¡Viva Cristo Rey!” en la investidura, y luego invocó repetidamente el lema. El relato de EFE sugiere un método político recurrente: la resistencia judicial se convierte en una oportunidad para reafirmar la identidad presidencial en lugar de bajar la temperatura.

Fotografía cedida por la Presidencia de Colombia que muestra al presidente Abelardo de la Espriella (derecha) durante su visita este sábado a la Basílica del Señor de los Milagros en Buga, Colombia. EFE/Presidencia de Colombia

Aliados en el exterior, obligaciones en casa

En el exterior, De la Espriella se ha movido rápidamente hacia Washington. EFE informa de un acuerdo de seguridad que prevé 1.000 millones de dólares en asistencia. La visita prevista del secretario de Estado Marco Rubio a Barranquilla el 8 de septiembre pone en la misma agenda diplomática la lucha antidrogas, la ayuda por el terremoto y las relaciones comerciales.

El compromiso de seguridad es casi 38 veces la ayuda anunciada por Washington para el terremoto. Esas sumas cubren propósitos y períodos potencialmente diferentes, por lo que no pueden tratarse como presupuestos intercambiables. Aun así, su contraste subraya la necesidad de un plan de financiamiento para la reconstrucción, en lugar de asumir que lazos militares más fuertes también reconstruirán las comunidades dañadas.

La diferencia entre una promesa y un desembolso importa tanto como el tamaño de cualquiera de los paquetes. La reconstrucción exige plazos publicados, contratación transparente y una forma para que los afectados verifiquen si la ayuda prometida ha llegado. Sin esos mecanismos, la generosidad internacional puede mejorar la posición diplomática de un presidente mucho antes de cambiar la situación de una familia desplazada.

El presidente también se ha acercado a Israel tras la ruptura diplomática de Gustavo Petro, reconociendo la soberanía israelí sobre los Altos del Golán mientras Israel enviaba rescatistas. Colombia también reconoció la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental. Estas decisiones demuestran alineamiento; no establecen, por sí solas, beneficios para los colombianos que esperan la restauración de servicios.

Un mes es demasiado poco para declarar exitosa o fallida una presidencia. De la Espriella ha mostrado energía, asegurado compromisos y dejado claras sus preferencias. La evidencia más difícil se acumulará más lentamente: dinero desembolsado, viviendas habitables, escuelas reabiertas y comunidades protegidas sin que los niños paguen el precio de la recuperación de la autoridad estatal.

El primer mes del tigre ha dejado muchas imágenes de fuerza. Ahora Colombia necesita la evidencia menos dramática de que esa fuerza puede reparar.

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