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Cali se reconstruye tras el terremoto mientras comienza la cuenta regresiva de tres años para la recuperación

Cali restableció la energía eléctrica con una rapidez notable tras un terremoto de magnitud 7,4, pero la verdadera recuperación tomará años. Detrás de las cifras hay familias sin hogar, trabajadores retirando montañas de escombros y una ciudad enfrentando el verdadero costo de la resiliencia en la práctica.

Termina la fase de rescate

Durante la primera semana, Cali se movió bajo una sola orden: encontrar a los sobrevivientes.

Los equipos de rescate excavaron entre los restos de Torres del Limonar y otras estructuras colapsadas, escuchando voces bajo el concreto y cortando metal retorcido. Luego el ritmo cambió. Las operaciones de búsqueda se convirtieron en la recuperación de cuerpos. Las familias que esperaban junto a las barricadas comenzaron a recibir las noticias que temían.

“Al principio, solo había una misión: salvar vidas”, dijo el alcalde Alejandro Eder a EFE. Después de esa primera semana, explicó, las autoridades pasaron en los edificios colapsados del rescate a la extracción de los fallecidos.

El cambio es procedimental, pero también emocional. El rescate contiene esperanza. La reconstrucción comienza cuando la esperanza se reduce a trámites, refugios temporales, informes de ingeniería y el silencioso inventario de lo que no se puede reemplazar.

Eder estima que la emergencia en Cali durará alrededor de tres años. “Tenemos que reconstruir Cali”, dijo a EFE, describiendo una ciudad que debería emerger más resiliente, más inclusiva, más enfocada en los jóvenes y más capaz de imaginar un futuro más allá de los escombros.

Ese lenguaje es ambicioso porque el terremoto no golpeó un mapa en blanco. Cali llegó al desastre con profundas divisiones sociales, calidad de vivienda desigual y barrios donde la inversión pública ha llegado lentamente durante mucho tiempo. Reconstruir lo que había podría significar restaurar las mismas vulnerabilidades. La promesa solo importa si la reconstrucción cambia quién recibe vivienda segura, infraestructura confiable y acceso a oportunidades.

Más de 30 dependencias municipales han sido activadas. La Secretaría de Infraestructura ha retirado 25.032 toneladas de escombros, una cifra industrial que oculta paredes de dormitorios, fotografías familiares, mostradores de tiendas, tuberías rotas y el polvo de vidas cotidianas. Cada camión despeja una calle, pero también borra la evidencia física de cómo vivían las familias antes de que la ciudad fuera transformada en segundos.

Rescatistas buscan entre los escombros del edificio Torres del Limonar, destruido por el terremoto del lunes en Cali, Colombia. EFE/Mario Baos

La energía regresa antes que la certeza

La señal más rápida de recuperación institucional llegó a través de la electricidad.

El terremoto dejó sin servicio a 350.000 usuarios, más de la mitad de los clientes de Cali, y deshabilitó 44 circuitos eléctricos. En menos de dos días, la empresa municipal Emcali restableció el suministro normal al 99 por ciento de los usuarios, según el gerente general Roger Mina.

Ese logro merece atención. La electricidad alimenta hospitales, refrigeración, sistemas de agua, comunicación y los teléfonos a través de los cuales los familiares se buscan entre sí. Restablecerla rápidamente evitó que una catástrofe estructural se convirtiera en una crisis prolongada de salud pública y seguridad.

Emcali también instaló 12 puntos móviles de internet satelital en la ciudad. Mina dijo a EFE que las conexiones estaban destinadas a ayudar a los rescatistas y a las familias afectadas a comunicarse. En un desastre, la conectividad se vuelve infraestructura esencial. Permite a los equipos transmitir ubicaciones, a los desplazados contactar a sus familiares y a las autoridades mapear necesidades antes de que los rumores llenen el vacío.

Sin embargo, el contraste es revelador. Un circuito puede repararse en horas. Un hogar no. La energía puede volver mientras una familia sigue bajo un techo de plástico, sin saber si su edificio es seguro o si llegará la compensación. Los servicios crean la apariencia de normalidad mucho antes de que la vida normal regrese.

Por eso la estimación de tres años debe leerse no como un plazo, sino como una prueba política. La gestión de emergencias premia la rapidez visible. La reconstrucción exige coordinación entre ingenieros, urbanistas, líderes barriales, contratistas y residentes que pueden desconfiar de promesas hechas tras crisis anteriores.

La solidaridad ha suavizado el primer impacto. Eder dijo que Cali recibió ayuda de El Salvador, Perú, México y Estados Unidos a través del gobierno nacional, así como apoyo de Bogotá y otras ciudades colombianas. Sobre todo, dijo a EFE, los caleños respondieron con generosidad.

La ciudad abrió espacios de coordinación para alimentos, ayuda humanitaria y suministros básicos. Estas redes revelan una de las fortalezas de Cali: una cultura cívica construida a través de barrios, iglesias, ollas comunitarias y cuidados informales. Pero las donaciones no pueden hacer cumplir normas de construcción ni financiar años de reconstrucción segura.

Foto de una vivienda destruida en el barrio Cuarto de Legua de Cali, donde vivían las trillizas Saavedra. Dos de ellas murieron junto a sus padres en el terremoto de magnitud 7,4 del lunes. EFE/Mario Baos

Una ciudad debe decidir qué regresa

La imagen más dura puede ser la de una casa destruida en Cuarto de Legua, donde vivían las trillizas Saavedra. Dos de las niñas murieron junto a sus padres. Los espacios que quedan no parecen un problema de urbanismo. Se ven íntimos, casi indecentes de observar, porque el desastre ha expuesto la vida privada a la calle.

Esa es la escala en la que se juzgará la recuperación.

Eder reconoció la carga emocional de liderar la respuesta. Un funcionario debe seguir adelante, dijo, porque proteger la vida es la responsabilidad central del servicio público. “Hay momentos en que uno se quiebra”, dijo a EFE.

Esa confesión importa en una región donde el liderazgo político suele ejercerse desde la dureza. Cali no necesita una invulnerabilidad teatral. Necesita un gobierno capaz de llorar sin perder la disciplina, moverse rápido sin saltarse la supervisión y hablar de transformación sin convertir el sufrimiento en un eslogan.

Tres años pueden reconstruir carreteras, escuelas, servicios y edificios de apartamentos. También pueden reproducir la vieja ciudad bajo pintura nueva. La diferencia dependerá de si las autoridades entienden la resiliencia solo como concreto más fuerte o como un contrato social que incluya a inquilinos, trabajadores informales, jóvenes y familias en barrios que ya eran precarios antes del sismo.

Cali ya demostró que puede restablecer la energía. Ahora debe demostrar que la recuperación puede redistribuir la seguridad.

El terremoto duró solo unos momentos. Las decisiones que expuso moldearán la ciudad por una generación.

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