Empates en la Copa Libertadores dejan al fútbol sudamericano en terreno inestable
Siete partidos de ida de la Copa Libertadores terminaron empatados, mientras que el terremoto en Colombia pospuso otro encuentro y expuso a familias rurales que aún esperan ayuda, convirtiendo ahora el torneo de clubes más grande de Sudamérica en un retrato de incertidumbre tanto deportiva como dolorosamente real.
Siete empates y una destitución
En Río de Janeiro, el marcador se negó a moverse. Fluminense insistió, Independiente Rivadavia resistió, y el empate 0-0 pareció otro acto de apertura cauteloso. Al día siguiente, se convirtió en una notificación de despido. Luis Zubeldía, al mando desde septiembre de 2025, quedó fuera.
Esa decisión capturó la presión que rodea estos cruces de la Copa Libertadores. Siete partidos de ida terminaron igualados, dejando a todos los aspirantes con vida y a todos los favoritos incómodos. Un empate parece neutral en el papel, pero rara vez se siente neutral dentro de un club construido para ganar. Para un ex campeón, huele a fracaso. Para un debutante, demuestra que la jerarquía continental es negociable.
Independiente Rivadavia ha defendido ese argumento repetidamente. El club mendocino también enfrentó a Fluminense en la fase de grupos, donde los brasileños sumaron un punto. El equipo de Alfredo Berti no ha superado al campeón 2023. Ha hecho algo más inquietante. Le ha negado a Fluminense el partido que esperaba.
La vuelta en Mendoza trae dos presiones. Independiente Rivadavia debe decidir cuán audazmente un debutante debe perseguir la historia. Fluminense debe demostrar que el linaje es más que una bandera. El marcador está igualado. El equilibrio emocional no.

Los no favoritos llevan la ventaja
Los representantes de Chile regresaron a casa con ventaja. Universidad Católica ingresó al cargado Estadio UNO de Estudiantes de La Plata, soportó una noche copera argentina y se fue con un empate 1-1. El orden táctico importó más que el espectáculo. Los Cruzados vuelven a Santiago sabiendo que Estudiantes debe reproducir su intimidación fuera de casa.
El resultado de Coquimbo Unido fue más dramático. Platense se adelantó con gol de Luciano Giménez en Vicente López, pero Guido Vadalá empató en el quinto minuto de adición. El empate no solo rescató a Coquimbo. Le dio al club chileno una historia de supervivencia para llevar a la vuelta.
Cruzeiro y Flamengo se reencuentran tras un empate 1-1 en Belo Horizonte, donde Keny Arroyo anotó para los locales y Lucas Paquetá respondió. Flamengo llega como campeón defensor bajo el mando de Leonardo Jardim. Cruzeiro, dirigido por Artur Jorge, puede convertir una rivalidad doméstica en una destitución continental.
Palmeiras casi escapa del patrón. José Manuel “Flaco” López marcó en el minuto 82 ante Cerro Porteño, pero un autogol de Carlos Miguel en el tiempo añadido dejó el 1-1. Cerro recibe a Palmeiras en Asunción sabiendo que el favorito puede ser sacudido.
Liga de Quito se llevó otro 1-1 de Mirassol. Los ecuatorianos pueden invocar su título de 2008, pero el debut de Mirassol ha derrotado las suposiciones fáciles. Los recién llegados terminaron la fase de grupos igualados con Liga en 12 puntos. Su nombre pesa menos. Sus resultados no.
Corinthians y Rosario Central deben encontrar un gol tras un primer encuentro sin goles. El 0-0 favorece a los brasileños antes de la vuelta en el Neo Química Arena, pero Rosario viaja con Ángel Di María, cuya presencia hace plausible un momento decisivo en una noche difícil.

Donde el torneo cede ante la supervivencia
Luego está el cruce que nunca comenzó. Tras el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia el 10 de agosto, la CONMEBOL pospuso el partido entre Deportes Tolima e Independiente del Valle por una semana. Ibagué no fue de las ciudades más afectadas, pero el fútbol no podía tratar el desastre como algo lejano. La vuelta será el 25 de agosto en Quito.
El aplazamiento creó un espacio vacío en el cuadro. A lo largo de los caminos rurales del Valle del Cauca, el terremoto creó otro tipo de vacío.
En una casa dañada en Ansermanuevo, una bandera blanca con la leyenda “Ayuda, SOS” cuelga donde no ha llegado ninguna inspección oficial. Allí vive Milton Puentes Barahona con su esposa e hijo. Partes del techo se han caído. Secciones del cielo raso permanecen suspendidas sobre habitaciones en las que la familia ya no confía.
“La casa quedó prácticamente destruida, al 100 por ciento”, dijo Puentes a EFE. “Fue algo aterrador.”
Aun así, dudan en irse. La propiedad no es solo refugio. Sostiene un negocio de pesca deportiva y alojamiento para viajeros entre Ansermanuevo, Argelia y El Cairo. Abandonarla podría significar perder hogar e ingresos. Quedarse podría significar dormir bajo una estructura que ningún ingeniero ha declarado segura.
Automovilistas de paso han ofrecido comida. “Nos dan una libra de arroz”, contó Puentes a EFE. Lo que la familia necesita son láminas de zinc para el techo, materiales de construcción y una evaluación que reemplace el miedo por una decisión.
En el Parador La Ribera, la propietaria Johanna Castañeda pintó ella misma “Peligro” y “Precaución” en rojo sobre las paredes. Durante el sismo, ella y cinco familiares corrieron hacia una imagen de la Virgen María y se abrazaron mientras su mundo se sacudía detrás de ellos.
“Gracias a Dios, que nos dio una segunda oportunidad de vida”, dijo Castañeda a EFE.
Ahora se quedan con familiares en Cartago, a más de una hora de distancia, pero regresan a diario para cuidar lo que queda de posibles robos. El ritual expone la lógica rural del desastre. Una familia puede escapar de una pared que se derrumba y aun así quedar atada a ella por la propiedad, el sustento y el temor a otra pérdida.
Carlos Alberto Correa, alcalde encargado de El Cairo, municipio vecino, dijo a EFE que las autoridades están desbordadas y aún no han completado un censo rural. Primero atendieron los daños urbanos. Se está enviando ayuda, afirmó, y los funcionarios esperan inspeccionar las viviendas rurales más adelante.
Esa demora no es solo administrativa. En toda América Latina, la distancia suele determinar cuán rápido el sufrimiento se vuelve visible para el Estado. Las ciudades producen ruinas concentradas e imágenes urgentes. El daño rural está disperso entre fincas, cerros y negocios al borde del camino, donde una sábana blanca puede convertirse en el único sistema de emergencia que una familia puede desplegar.
La Copa Libertadores resolverá la mayoría de sus siete empates en 90 minutos, quizá un poco más. Alguien avanzará. Alguien quedará eliminado. El cuadro recuperará su orden.
En Ansermanuevo y El Cairo, no hay un silbatazo comparable. Las familias esperan a un ingeniero, a un censista, a las láminas de techo y a la prueba de que el país las ha visto. El fútbol sudamericano sigue gloriosamente incierto. Su incertidumbre es más silenciosa, más dura y mucho más peligrosa.
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